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Dom, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Se movió. El único peatón que fue capaz de hacer una pausa en el frenético andar de la ciudad, le puso unas monedas al frente y se movió, la estatua se movió. No dejó de sorprenderme que esa estatua humana parada estática sobre una base de madera y cartón simulando mármol, se moviera estimulada por el sonido metálico de un par de monedas. ¿Y después de todo por qué tan sorprendido si por el precio adecuado todo se puede comprar? Hasta las estatuas se mueven. Hoy en día todo se compra porque todo está en venta. ¿Cuál será el precio a pagar para que las artes escénicas se muevan del espacio de confort que les brinda una sala de teatro técnicamente pensada para efectuar representaciones y se aventuren en la conquista de los múltiples espacios por descubrir, repletos de vivencias que ofrecen nuestras ciudades? De los cinco barcos que conformaban la expedición de Hernando de Magallanes, los dos de menor envergadura eran los encargados de explorar, otros dos eran naves de guerra y un quinto usado como taller de reparaciones varias. Mientras las naves del teatro tradicional de manera homogenea navegando seguras por los espacios escénicos consolidados, lo que les hará falta en su rol ineludible de descubrimiento, es arriesgar esas naves exploradoras que se aventuren en viajes de ida y vuelta para encontrar nuevas rutas, eso sí, sin tener la certeza absoluta de encontrarlos al primer intento o después de cuantos intentos fallidos puedan obtener un logro positivo. Esa expedición de aventureros que pretendía abrir nuevas rutas, descubrió mucho más que eso pero tuvo que pagar un alto precio por su osadía pionera. Después de tres años de navegación incierta, de los dos cientos treinta y cuatro hombres que comenzaron el viaje, solo ocho regresaron al puerto de partida. Incluso Magallanes fue muerto en Filipinas sin completar el viaje pero su nombre pasó a ser inmortal. Durante toda la historia de la humanidad la aventura del descubrir ha cobrado muchas víctimas y dado que el arte es un descubrir continuo, por lo arriesgado que significa todo acto creativo, seguirán existiendo víctimas, aunque tambien inmortales. Sin embargo confío en que la osadía de los verdaderos artistas contemporáneos y no la de aquellos que solo utilizan ese apelativo como una etiqueta de figuración para ser invitados a estrenos e inauguraciones regadas de alcohol complaciente, sea mayor que su temor al fracaso y se aventuren en la exploración de los múltiples espacios escénicos que ofrece la vida y por supuesto cualquier ciudad del mundo. Están ahí. Solo necesitan ser explorados para quizás, concebir en el derrotero, nuevas formas de hacer arte que incluso podrían llegar a ser diametralmente opuestas a las pensadas al inicio de la aventura. Repetir las viejas fórmulas ya tantas veces probadas, podría asegurar un éxito relativo pero no duradero ya que será muy parecido a lo que alguien hizo antes. Solo los primeros son recordados por su osadía. Porque solo los exploradores aventureros abren nuevas rutas.

¡A explorar sin temor al fracaso nuevas rutas para toda expresión artística se ha dicho!