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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

El cerebro, como la política, se ha dividido tradicionalmente en dos mitades teóricamente bien diferenciadas, pero cuya división no siempre se ha visto trasladada a la práctica. Según esta partición del cerebro, el hemisferio izquierdo estaría ligado a un pensamiento racional y lógico, mientras que el derecho guardaría funciones relativas a la imaginación o la intuición. De esta división cerebral pronto se pasó a clasificar a las personas en función de cuál de las dos mitades predominaba. Si en la hipotética balanza la parte izquierda pesaba más, nos encontrábamos ante personas de pensamiento rectilíneo, herméticas, con tendencia a imponer la razón y la lógica sobre los instintos. Si, por el contrario, la parte derecha era la de mayor peso, ello significaba que la persona era alguien capaz de moverse con eficacia a golpe de instinto y de hacer volar su imaginación sobre la aparente banalidad de las cosas. Con esta simplona perspectiva, el estereotipo para la personalidad del artista estaba hecho: quien poesía un don artístico era alguien con una suerte de hipertrofia del hemisferio derecho, dotado de una capacidad creativa innata y que, debido a esa misma naturaleza, funcionaba a brotes de genialidad, sin organigrama preestablecido. Por defecto, los adjetivos para este estereotipo de artista cayeron como piezas de dominó. El artista era necesariamente alguien extravagante, ciclotímico, indisciplinado, irracional, alguien incapaz de aprobar matemáticas en el colegio cuando era niño, y que de adulto considera que madrugar es levantarse a las 10 de la mañana.

En la actualidad esta división que asocia las dos mitades del cerebro con funciones y habilidades concretas se ha puesto en entredicho por gran parte de los estudiosos de la mente. La explicación, aplicando la razón o la intuición, es obvia: aunque a simple vista (y teóricamente) podamos dividir con claridad ambos hemisferios, en realidad los dos trabajan de forma coordinada, lo que impide deducir de forma taxativa qué funciones específicas realiza cada uno. Lo cual se puede decir de otro modo: cada función cerebral, sea lógica o intuitiva, concreta o abstracta, matemática o metafórica, aunque aparentemente esté localizada en uno de los hemisferios, es muy probable que necesite de la colaboración del otro hemisferio para poder llevarse a cabo. Concluir que cada mitad del cerebro y la forma en que ambas se equilibran nos conduce a determinadas conductas de pensamiento, no responde pues a un análisis riguroso del funcionamiento cerebral, sino más bien a la tendencia tan antigua y tan propia de Occidente de pensar la realidad en pares opuestos, para ordenarla y comprenderla mejor.

Esa perspectiva del cerebro según la cual el pensamiento artístico viene determinado por el hemisferio derecho, y en consecuencia, por el predominio del instinto sobre la lógica, es pues un mito sin fundamento. Y en realidad, si echamos un vistazo a la historia, esta relación entre el pensamiento creativo y racional tiene más convergencias que enfrentamientos.

En el Renacimiento, en una de las grandes eclosiones artísticas de todos los tiempos, cualquier creador de prestigio se veía obligado a integrar dentro de su proceso creativo los últimos conocimientos de la ciencia. Pensamos en Leonardo da Vinci y no sabemos si estamos ante un artista con alma científica, o viceversa. Pensamos en otro pintor de otro lugar y tiempo, como Goya, y también intuimos que en él instinto y raciocinio se conjugaban de forma muy particular. ¿Cómo explicar si no esa doble vida que le llevó a ser pintor respetado de la corte, y al mismo tiempo autor de esos arrebatos grotescos y perturbadores que son sus pinturas negras? Encontramos ejemplos también en otras artes. La música, al parecer, está estrechamente relacionada con las matemáticas, y de hecho se ha demostrado que matemáticos y músicos expertos utilizan los mismos circuitos cerebrales cuando trabajan en su oficio. Vemos una película de John Ford y no podemos evitar pensar que cada encuadre, cada movimiento de cámara obedece a una geometría cuidadosamente estudiada. En teatro, gran parte de las vanguardias del siglo pasado evolucionaron gracias a que muchos creadores aplicaron a la escena una perspectiva racional, casi científica. Ahí están Appia, Meyerhold, Brecht, Barba... Incluso Artaud, un visionario aparentemente irracional, dijo que su teatro requería de una organización matemática de los elementos escénicos para ser eficaz.

Como ven, la teoría de los hemisferios no permite aclarar por qué una persona es artista y otra no lo es. Pero no se preocupen, seguramente hay (y habrá) más teorías que traten de descifrar los secretos que se esconden detrás de una mente creativa. A mí me da la sensación, sin embargo, de que cuanto más intentamos explicarlo, más lejos estamos de entenderlo.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€