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Jue, Ene

Y no es coña | Carlos Gil

Las agrupaciones, asociaciones, fundaciones e instituciones que representan a la gran mayoría de los agentes que hacen posible la cultura en Catalunya, se han puesto en marcha para reclamar a la Generalitat un incremento del porcentaje que del presupuesto se destina a la Cultura, firmando un manifiesto en que se anuncian medidas imaginativas para que se consiga como mínimo un 2% del presupuesto para este menester, cuando ahora mismo se destina el 0,65%. 

 

“Actua Cultura” es donde han confluido todas ellas para implementar todas las movilizaciones y denuncias. Se dirigen directamente a su entorno, pero dan datos comparativos que nos pueden ayudar a situarnos. El gasto anual en cultura por habitante es de 35 euros, mientras en Portugal es de 120 euros, en Francia de 200 y en Suecia de 800 euros, dándose la circunstancia que mucho de este gasto contabilizado es estructural, no para la creación o exhibición.

Lo importante es que están representados todos los sectores realmente dedicados a la creación de bienes culturales, por lo que se refleja la auténtica realidad, fuera de euforias, declaraciones solemnes y demás retóricas o como dice desde Actua Cultura: “No toleraremos que los representantes políticos nos vuelvan a decir que para ellos la cultura es esencial, porque no lo es. Destinar sólo el 0,65% del presupuesto de la Generalitat a cultura es toda una declaración de intenciones. Nos dejan sólo las sobras”.

Y es que con decir basta, no basta. Hay que encontrar unas vías por las que se pueda llegar a un consenso entre fuerzas políticas para darle el rango adecuado que merece la Cultura y en ello se deben aplicar todos los esfuerzos de asociaciones, sindicatos y movimientos gremiales para influir en los lugares del legislativo para ir permeando a toda la sociedad sobre la necesidad de tener una Cultura no solamente en manos del mercado, sino que tenga en su conjunto la ayuda necesaria como inversión en el futuro colectivo. 

Es de destacar que en su escrito señalan que saben que sus propuestas de incremento se pueden entender como un simple aumento de dinero para subvenciones, cuando no se solicita solamente en ese apartado que debe existir como existe en todas las actividades del sector primario y secundario, sino que nunca se califica a la actividad cultural global como una fuente de empleo y actividad económica relevante. 

Este movimiento, este hartazgo mostrado por el 92% de los agentes de la cultura catalana y que, según ellos mismos, significan el 98% de la facturación, debe ser estudiado, apoyado, analizado y probablemente el noventa por ciento de su contenido puede ser firmado en cualquier otro lugar. Porque obras, es decir presupuestos, son amores y no solamente buenas razones o excusas vergonzosas. Y siempre, en todos los climas y circunstancias tras la declaración grandilocuente viene un recorte o una demora en avanzar en los planes de futuro. 

Desde luego, en el campo que nos ocupa, las Artes Escénicas, Catalunya y Barcelona como su capital, puede estar en la cabeza de inversión, de actividad, de instituciones públicas de producción y exhibición, así como de formación adecuadas y la podemos mirar con cierta envidia. Pues ahí, por muchas razones, y no es la única ni la más importante la situación política estancada, el deterioro se está haciendo manifiesto. Todos los sectores se sienten con problemas graves, desde la edición a la producción audiovisual. Desde la música a las artes plásticas. Representantes de las empresas y los teatros señalaron que mirando la cartelera se ve claramente la situación. Y si se mira esa cartelera, y se compara, deberíamos poner nuestras barbas, pelucas y estatus quo a remojar. 

En Madrid existe, aunque solapada, una clara necesidad de revisar los materiales que dan muestras de estar muy desgastados. Si se mira la cartelera madrileña, ¿qué se siente; qué se detecta? Y si miramos las carteleras de nuestras ciudades y poblaciones, ¿que diagnóstico se puede hacer? 

Insistiremos en que no se debe medir solamente en términos económicos esta actividad, tiene muchos valores añadidos, pero para que todo funcione deben existir condiciones adecuadas, y eso se refleja en los presupuestos que sirvan para consolidar mejoras que nos lleven a crecer cualitativamente, además de que se realicen las actividades cobrando sueldos dignos quienes las protagonizan.

Decir basta, no basta.