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08
Sáb, Ago

Y no es coña | Carlos Gil

Escribo un lunes 20 de julio de 2020, en estado de efervescencia. Ya he discutido en las redes sociales con personas a las que quiero y admiro. Mi postura, en estos momentos, es que cuando un gobierno, el que sea, en este caso el de la Generalitat de Catalunya, decide tomar unas medidas que reducen la movilidad y las actividades colectivas, lo hace después de meditaciones serias, basadas en informes sanitarios contrastados y que saben que, al hacer el decreto, afectan a millones de ciudadanos de todas las profesiones, religiones y credos políticos. Aunque no me gusten, aunque sean incomprensibles para mí, debo partir de este principio, porque el otro, el de los conspiranoicos, empieza a cansarme. Es agotador. Es demasiado oportunista y demagógico y se me presenta en esta ocasión tan tendencioso que me da pena expresarme así.

 

Contextualizo: sigo estando en Almada (Portugal), he visto esta semana varios espectáculos teatrales en salas grandes, pequeñas y medianas, con todas las medidas protocolarias marcadas por la ley, antes, durante y después de las representaciones. La verdad es que no he sentido en ningún momento ni un asomo de miedo. He estado confiado. Pero parece evidente que doscientas cincuenta o trescientas personas en una sala cerrada, durante dos horas y cuarenta minutos, algún riesgo, mínimo, puede existir si por casualidad entre el público hubiera alguna persona asintomática. Es un riesgo que, creo, se puede asumir individualmente y que dentro de lo que puede suceder, un gobierno responsable lo puede también admitir como una probabilidad remota.

Desde luego, insisto, estar ese tiempo con una mascarilla puesta es engorroso. Molesta, pero en los casos que he mirado a mi alrededor, tras las distancias de un asiento libre a ambos lados, en mi campo visual todas las personas han estado con la mascarilla puesta. La entrada muy regulada, la salida, lo mismo, se sale por filas, ordenadamente. En la calle es más difícil la regulación de los saludos efusivos, las cercanías y demás. Aquí no hay obligación del uso de la mascarilla en la calle, pero es bastante habitual ver a las personas con ellas.

Este fin de semana pasado he vivido siendo enlace y correa de transmisión entre los profesionales aquí en el Festival de Almada, así como con otros desparramados por diversos puntos de Iberoamérica, y debo decir que a fecha de hoy, no puedo asegurar si se han celebrado las actuaciones programadas del Grec y de otros teatros municipales emparentados con ese Festival y otros. He visto declaraciones y contra declaraciones. Desobediencia institucional: Ada Colau diciendo que sus teatros no cerraban, cuando emanaba una orden de la Generalitat. Unos teatros abiertos y otros cerrados, los que no estaban bajo el paraguas del ayuntamiento. La confusión más tremenda, lo que es una barbaridad política, sanitaria y teatralmente. Pregunto: si tiene una entrada para una función que los medios de comunicación social dicen leyendo un decreto gubernamental que se suspende, pero por otro lado le dicen que se hace, ¿cuál sería su reacción ante este conflicto?  Yo no sé qué decir. No soy público, soy un profesional que va a trabajar, no a disfrutar de una oferta cultural.

La reacción de una parte de los profesionales catalanes ha sido de ponerse frente a la decisión de la Generalitat. Los argumentos empleados, me parecen poco sólidos. Pero podría incluso ponerme a firmar sus manifiestos y apoyar su protesta, pero ha sucedido algo que me deja más confuso, el jueves, la organización del Festival Clásico de Olmedo, decidió suspender su celebración debito a una orden de la Junta de Castilla y león, que marcaba nuevos protocolos para las actividades culturales. ¿Alguien ha dicho esta boca es mía? Los motivos del cierre de la bellísima Corrala de Olmedo son los mismos que los del Grec o el Lliure y sin embargo, esto se da por supuesto que es correcto, que está bien hecho. ¿No estamos ante una sospechosa tendencia a pensar que la Generalitat por estar gobernada por independentistas lo hace todo mal? Pregunto. Veo en la protesta a algunas personas que tienen cargos y relaciones preferentes en gobiernos del PP-Cs. ¿Es casualidad que se pongan al frente de la manifestación en Catalunya y se escondan con lo de Castilla y León? 

Lo grave, a mi entender, es que no exista unanimidad, que aparentemente se toman decisiones que parecen arbitrarias, que es obvio que la Cultura, no ahora, siempre, es considerada de manera superficial por los políticos, pero está claro que, si se cierran bares, restaurantes y terrazas, se puede montar una algarabía popular, pero que con lo de los teatros, protestaremos nosotros, siempre dando una imagen poco reconfortante ante la ciudadanía en general. Así estamos, desgraciadamente.

No sé qué se debe hacer. No tengo informes. Sí, intuyo, que se están ocultando datos por ejemplo en Madrid que abren festivales, muestras y teatros de manera tímida. Se está haciendo el Festival de Almagro, y he visto imágenes poco saludables porque la plaza de las terrazas y los bares están repletos, con los directivos de las instituciones tan contentos y sin protección. Mérida está por abrir y se tomarán las medidas oportunas. Olite va perfectamente, pero yo soy oriundo de un pueblo a pocos kilómetros donde un bando municipal ha suspendido todos los actos festivos y culturales. Contradicciones.

En esta confusión no es posible encontrar otras vías de análisis y de exploración de la realidad que la prudencia. La inmensa mayoría de la ciudadanía la tiene, pero los infectados crecen y las autoridades deben hacer mucho más con los rastreadores que son insuficientes, pero cada uno de nosotros debe contribuir a que no volvamos a atrás, que eso es lo que va a ser terrible, escalar lo desescalado. Y el Teatro es un sector débil, frágil en sus estructuras y debe ser protegido. Como otros muchos. 

Por ello pido que enfriemos nuestros cabreos, nuestras desesperaciones, confiemos en que las decisiones tomadas son por el bien común y general, no para ahogar al teatro ni la cultura, y trabajemos por un futuro inmediato en donde estos evidentes desajustes laborales y de seguridad en la cultura desaparezcan.

LA CULTURA ES SEGURA.