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Dom, Dic

Foro fugaz | Enrique Atonal

Enseñan que es negro grafito, aunque también prístino diamante, dicen que lo expiramos lo aspiramos y añaden que es imprescindible para la vida; lo presentan como un elemento químico más, pero tiene toda una división que lo estudia: la química orgánica. Elemento con cuatro valencias, alma del modesto lápiz, que nos ayuda a escribir notas efímeras, atrapar ideas golondrinas y a recordar sin énfasis. Lo más interesantes es que se relaciona consigo mismo y que siendo carbono es muy diferente entre una y otra presentación, como suele ocurrir con nuestra complejidad. 

Así imagino a la humanidad, el mismo compuesto con infinitas variables. Todos carbono y todos diferentes. Siempre dispuestos y siempre encerrados en nosotros mismos. Humanos-carbono, y el teatro un tubo de ensayo de estas variantes, una manera de alcanzar nuevas aleaciones. 

Sin embargo, hay otra característica que me hace pensar que nuestras neuronas son como el carbono: la facilidad con la que puede manipularse. Es como si nuestra mente estuviera poco formada y fuera receptiva a todo tipo de influencias, las que adoptamos como si fueran un hallazgo personal. Esta facultad hace posible al teatro. Somos material en proceso de creación que fácilmente puede trabajarse, manipularse. Nuestra ventaja: podemos construirnos cuanto queramos, nuestra debilidad: nos pueden utilizar a conveniencia. Siempre ha sido así y raros han sido los humanos que han logrado resistir y han encontrado el camino de la verdadera libertad. Porque no somos libres, somos átomos de carbono enlazados a los que una mano secreta, ajena, interesada, condiciona, maneja, interpreta. Ideologías, religiones, gustos, modas, diversiones, la mano secreta nos dice a cada paso qué podemos hacer, cómo podemos combinarnos, cuál opción adoptar, qué nos conviene, cuál es nuestro gusto. Somos materia modulable, y los que manejan el mundo lo saben, por eso la democracia parece cada día más frágil e ilusoria. Obligarnos a algo que parezca una elección personal es relativamente fácil. Aun resistirte puede ser un modo de condicionarte. La verdadera búsqueda está en la comunión teatral.

¿Cómo encontrar la pureza del diamante? ¿Un camino que avance y nos lleve a la libertad…? ¿Dónde, qué señal seguir, qué hilo adoptar que mantenga un equilibrio entre la necesidad de ser guiado y la búsqueda de una verdadera libertad? 

Mientras tanto somos sin ser, y los que han aprendido a manejarnos ahora cuentan con mayores recursos, el marketing es universal, el big data sigue nuestros usos y costumbres, y el retroceso social es notorio. Porque basta con que leamos, veamos, escuchemos algo, por insólito, increíble que parezca para que se nos quede en la memoria, aunque sea para rechazarlo. Por eso el teatro tiene vigencia: es una ficción escénica que puede conducirnos a la conciencia. Y dejarnos marcados en ambos sentidos, rechazo o aceptación. Nuestro cerebro se adapta con facilidad para transformar la mentira en una certeza dinámica. A propósito no uso la palabra verdad, porque me parece que merece respeto. 

¿Nuestro cerebro pleno de glucosa es carbono? Átomos de carbono ligados entre sí, humanidad, cerebro, imperio, redes sociales. La libertad es un mito con el que soñamos y la Verdad, debemos buscarla toda la vida. Y uno de los instrumentos de búsqueda y avance es el teatro. 

Cual carbono somos cruciales y somos obscuros, una nada que respira, (la respiración, la respiración que es el aliento universal) y una posibilidad de diamante. ¿Tal vez el teatro? 

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