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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Doy constancia de una realidad personal: de un Festival de Teatro de Calle en Zaragoza al Festival Iberoamericano de Cádiz. De una cita a otra traslado un resfriado que me tiene dos días en cama. La calle sigue siendo muy dura. Y si bajan las temperaturas más diez grados en un día, la cosa se vuelve complicada. Volvemos a pensar lo de casi siempre, ¿por qué se le llama teatro si se quiere decir circo o danza? De las cosas urgentes que se precisan es volver a reformular las cuestiones básicas del teatro de calle, en todas sus expresiones, pero notamos un estancamiento formal, espacial, creativo, que podríamos asegurar que la inmensa mayoría de las cosas que vemos es teatro frontal, sacado del interior para poder hacer unos cuantos bolos en verano en lugares inapropiados, lo que va en detrimento del propio espectáculo y del propio concepto de teatro de calle.

En Cádiz, además de mi trancazo, unas lluvias torrenciales que, obviamente, trastocan la programación en la calle. Como uno debe quedarse a sudar su fiebre en la cama, tiene tiempo para pensar concomitancias, y resulta que tanto en Zaragoza como en Cádiz, a las alcaldías han llegado candidaturas no pertenecientes a los partidos clásicos. Por lo tanto, han cambiado los alcaldes, los responsables de área y los recién llegados se han encontrado con unas gestiones anteriores donde parecen existir agujeros negros económicos de difícil solución. No solamente en los asuntos culturales, sino en general, pero afectan a todo. De momento no han interrumpido nada de lo programado con anterioridad, pero por lógica vendrán ajustes, revisión de programas, quizás cambios en el organigrama y se establecerán prioridades nuevas y modos de ejecución, así como quizás suspensión de alguno o incorporación de nuevas propuestas.

En ambas ciudades llevaban muchas legislaturas con el mismo ganador de las elecciones, lo que ha generado unos hábitos propensos al inmovilismo y la falta de flexibilidad y capacidad de atender a los vaivenes del tiempo. Los recién llegados ha solicitado auditorías, pero deben ir tomando decisiones, y en lo que a nosotros nos afecta, en ambos casos están las fiestas, del Pilar en Zaragoza, y los Carnavales gaditanos, que son intocables, aunque se pueden potenciar de otras maneras. Y despuéss están otras actividades como son el FIT en Cádiz y otros programas de Zaragoza, que deberán ser revisados, ajustados, renovados, confirmados o revocados. Son asuntos muy diferentes, el FIT es de ámbito internacional, depende de la ciudad, pero intervienen la Junta de Andalucía, el Ministerio de Cultura y afecta a una globalidad Iberoamericana. Confiemos en que se ajuste lo que se deba ajustar para que se estabilice, no dependa de caprichos políticos y siga siendo lo que es: una referencia.

Nos quedan los teatros municipales, el Falla en Cádiz y el Principal de Zaragoza, además de otras salas más pequeñas que complementan la oferta programática. Ahí sí que hay mucho tema. La designación de los directores se ha hecho siempre de manera digital, sin convocatoria pública, sin proyecto. Mirando sus programaciones, parecen calcadas, los proveedores de espectáculos son los mismos, el oligopolio atiende a todos los puntos cardinales sin distinción. No hay apenas diferenciación. Es un buen momento para plantearse otras posibilidades de gestión.

Por todo ello, con todos cuantos hablamos en ambas ciudades nos expresan su inquietud. Suena el mismo estribillo aunque con diferente melodía. Todos están a la espera de decisiones, se vive en un estado provisional que uno siente condicionado por las próximas elecciones generales. Cuando pasen los comicios de diciembre, despejado el panorama de elecciones, viendo como se crean mayorías para la gobernabilidad de España, se tomarán decisiones que pueden ser hasta de desalojar de las alcaldías a quienes ahora gobiernan con mayorías precarias. Todo puede pasar, pero además, todo puede ser para peor. Y lo digo con el dolor de haber perdido toda esperanza. Intento ver lo que proponen en Cultura los partidos emergentes, saber quienes capitanean esos programas y dan ganas de llorar. Van a hacer buenos a los de ahora. Es un designio fatal. Están todos los oportunistas y mediocres carroñeros a punto.