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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

otelos en manizales-webVoy a ilustrar esta entrega con una foto tomada en el comedor del Hotel Las colinas de Manizales (Colombia), en una noche de la trigésima séptima edición de su Festival Internacional de Teatro. En ella se ven a Jaime Lorca, Gabriel Chamé, Antonio Lozano, Tito Velázquez y el que suscribe. La circunstancia es que Octavio Arbeláez tuvo la feliz idea de programar las dos versiones que del Otelo de Shakespeare hacen los dos creadores, el chileno Lorca con su grupo Viaje inmóvil y el argentino Chamé, con Teatro Buendía.

Ambos sabían de la existencia de "la otra" versión, y fue en Manizales donde se pudieron ver. Uno fue a ver la obra del otro. Y viceversa. Y lo maravilloso es que pese a ser dos personas de largo recorrido en sus creaciones, no se conocían personalmente, por lo que al encontrarse en ese comedor, al reconocerse en el montaje del otro, desde la disparidad estética, desde los distintos operativos de su puesta en escena, de la selección de escenas para contarnos la misma escena, ambos sintieron un maravilloso vértigo al contemplar lo que otra cabeza, otros cuerpos, otras voces hacían con la misma obra de la que partían.

Llegué cuando estaba recién abierta la segunda botella de vino. Y asistí a unas conversaciones, debates, discusiones, reflexiones sobre el oficio que aseguro no se consigue aprender ni en cien masters que se hagan. Todo era cálido, espontáneo, pasional, genuino, recuerden, un chileno y un argentino. Discutían desde la admiración y el compañerismo. En un lenguaje de alto voltaje teatral, de profundidad o preñado de anécdotas, pero de un respeto mutuo y un amor al teatro de Shakespeare que para sí quisieran muchos de los que parasitan de manera mediocre al bardo inglés, ya que hablaban desde las tripas de las obras desde el conocimiento pormenorizado.

Uno, Jaime Lorca, ya tiene en pie, a punto de estrenar, una versión de Ricardo III. Otro, Chamé, tiene dos versiones trabajadas a punto de ponerlas en marcha, Timón de Atenas y el Rey Lear. Mientras tanto la excelencia de los dos montajes les lleva a que cada vez que acuden a un festival reciben invitaciones para ir a otros, para hacer temporadas, con dos montajes exitosos, dos miradas teatrales disímiles, pero parecidas en cuanto al respeto, al utilizar las palabras de Shakespeare, aunque con elipsis y acortamientos para adecuarlos a su lenguaje, uno desde el clown, el otro desde el teatro de objetos. Dos obras latinoamericanas de primer orden, que sí, es cierto, acuden a festivales de la península, casi siempre los mismos, pero que se merecen mucho más, merecen salas y temporadas, para que los disfruten los públicos y para que los teatristas españoles aprendan, vean, comprueben, salgan de su círculo vicioso, pequeño, de IVA y subvención de la miseria, para que se enseñoree la imaginación, el rigor, el trabajo realizado desde una visión propia, unos lenguajes que se reinventan, una indagación.

Los otros dos de la foto, Tito, es el escudero técnico y cómplice artístico de Jaime, pero el cuarto es nada menos que Antonio Lozano, el urdidor de uno de los festivales más genuinos y singulares de los que uno tiene conocimiento. En Agüimes una localidad mediana de Gran Canarias, desde hace muchos años se celebra un Festival llamado de los tres continentes porque se pueden ver dramaturgias europeas, africanas y americanas. Un festival que sigue, con las dificultades propias de los tiempos de crisis, pero, como parece lógico, ambos creadores, Lorca y Chamé, habían pasado por él, en los inicios, o en otras ediciones,.

Lo importante para mí, y para ellos dos, ha sido el reencuentro con Antonio Lozano, docente, escritor, el primer director del festival una persona muy querida por teatreros de los tres continentes y también por narradores orales pues tienen uno de los festivales más veteranos y más importante de esta especialidad escénica, que ha pasado unas dificultades graves con su salud con las que ha decidido convivir. Una lección de entereza, que de verdad emociona. Por cierto, Lozano estaba allí como autor de una de las obras que se presentaban, y para participar en la Feria del Libro de Manizales.

Bueno, pues si alguna vez, se piensa con cierta sospecha qué sucede en los festivales, que buceen en las programaciones, en las crónicas porque suceden muchas cosas en paralelo, yo mismo he estado dando un taller de crítica teatral con unos talleristas de un nivel de conocimiento, entrega, ganas y participación que me han llevado en volandas. Estos encuentros espontáneos, estas circunstancias son para éste que les quiere, lo mejor, lo que más le ayuda a seguir creyendo en la Cultura y el Teatro, en esos individuos creativos, actores, dramaturgos, directores, los que hacen posible que el mundo sea más vivible, los artistas pasionales, los que en una conversación son caces de inventarse la luna. Los que de verdad interesan. Los que son imprescindibles. Y sus cómplices necesarios, los que desde la producción y la gestión hacen posible que eso se sustancie en algo real, tangible, que se pueda disfrutar por los públicos. Uno como testigo de todo ello se siente un privilegiado, disfrutando de esos pequeños lujos incomensurables.