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Mié, Ago

Velaí! Voici! | Afonso Becerra

Con motivo de las celebraciones del Día Internacional de la Danza, el Centro Cultural Vilaflor (CCVF) de Guimarães, estrenó en Portugal, los días 27 y 28 de abril de 2018, la última pieza de Jefta van Dinther, Dark Field Analysis, que es, además, una coproducción junto a otras instituciones: Tanz im August / HAU Hebbel am Ufer Berlim, Tanzquartier Viena, Sadler’s Wells Londres, PACT Zollverein Essen, CCVF de Guimarães y Dansens Hus Oslo.

El viernes 27 de abril fue el día en el que asistí al estreno de Dark Field Analysis y, como en otras piezas que había visto de este coreógrafo, he vuelto a experimentar una extraña sensación de despegue, de desplazamiento hacia otras dimensiones perceptivas.

El espacio escénico escogido prioriza la proximidad de la espectadora y del espectador respecto a la acción. El público entra en el escenario del Gran Auditorio del CCVF y se sitúa en una grada a cuatro bandas. En el centro del cuadrilátero hay dos bailarines desnudos, Juan Pablo Camara y Roger Sala Reyner. Están medio sentados, en aparente posición de reposo, sobre una amplia alfombra cuadrada de moqueta verde.

Sus cuerpos delgados y fibrados, su piel blanca, su posición sedente, con una leve torsión del tronco respecto a la cadera y a las piernas, su quietud serena, pero, a la vez, atenta y, en cierto sentido, escrutadora, junto a la incidencia de la luz cenital que rebota sobre los cuerpos, diseño de Minna Tiikainen, parecen situarnos ante una instalación plástica o ante un conjunto escultórico, en el que el tiempo hierve. El tiempo fluye, subrepticio, como la sangre por las venas, sin alterar ese conjunto plástico, ese dúo de cuerpos.

La quietud serena se mantiene, mientras ocupamos nuestros lugares en las gradas, y se alarga.

Observamos, impúdicamente, a esa pareja de hombres desnudos, semi-tendidos, sentados, en ese cuadrado verdoso, que podría evocar la hierba de un campo o el tapete de una mesa de billar.

En la quietud serena de los cuerpos bajo la luz cualquier micro-movimiento, incluido el de la respiración, el parpadeo de los ojos para humedecerse o la leve tensión de algún músculo, resultan amplificados y, poco a poco, nos trasladan hacia el ámbito de la apreciación microscópica.

Se refuerza el aguzamiento de nuestros sentidos, la concentración en los más mínimos detalles, la mirada radiografiadora, la mirada minuciosa que sondea en la superficie de lo visible y acaba por penetrar en lo invisible.

Y, ¡ojo!, ahí comienza a difuminarse nuestro estado de conciencia cotidiano.

Ahí es donde comienza ese despegue del que hablaba al principio.

Poco a poco, Juan Pablo y Roger comienzan a hablar, escandiendo, como quien escancia, las palabras, amplificadas por sendos micrófonos inalámbricos.

Las frases de este diálogo, con abundantes preguntas referidas al significado de momentos vitales trascendentes, amplificadas a nivel sonoro y enunciadas de una manera dilatada y aparentemente desafectada, pero no exentas de sentido, acaban convirtiéndose, también, de manera análoga a los cuerpos, en una especie de objeto plástico y poético.

Esta realización se convierte en una especie de dispositivo que modifica la perspectiva sobre las palabras y que nos hace escucharlas como si las viésemos, escrutándolas, observando su superficie sonora, expandiendo sus dimensiones semánticas. Aquí se abre, como ya se puede deducir, una forma delicada de sinestesia en la que lo audible y lo visible se contagian y se contaminan.

De repente, la aparente intimidad que, por lógica social, presupone estar ante dos hombres desnudos que se relacionan con la mirada, con la palabra y con el movimiento, ya que, también, poco a poco, comienzan a moverse, como en un diálogo danzado, en el que las manos y los brazos parecen dirigir al resto del  cuerpo, orientándolo hacia la luz, hacia las alturas y, también, hacia el otro cuerpo. Esa aparente intimidad, como acabo de señalar, de repente, también se difumina para dar paso a una relación más material y concreta de los dos bailarines. Y, entonces, la sinestesia se amplía para trazar relaciones muy sugerentes entre lo humano y lo animal de los cuerpos, entre lo material y lo etéreo (la luz y el misterio cierto que se abre en esta interacción), lo orgánico y lo sintético (el linóleo negro, la moqueta verde).

Todo ello, en el fondo, refleja y amplifica la sinestesia que se da entre los seres (humanos) y el entorno en el que viven, desde el misterio tangible que se abre en cada relación, hasta nuestro vínculo e influencia respecto a lo sintético o a lo etéreo.

En el programa de mano del espectáculo se apunta que el título, Dark Field Analysis, alude a “una rama de la medicina alternativa que utiliza el método de la microscopia del campo oscuro para diagnosticar condiciones corporales sistémicas que tengan origen en la sangre.”

Después de ver la pieza podemos concluir que el campo oscuro es el escenario, la medicina alternativa la danza-teatro y Dark Field Analysis la coreografía que nos conduce a ese adentramiento en la materia, en lo concreto, amalgamándolo, por decantación del movimiento, con lo trascendental.

 

P.S. – Sobre la obra coreográfica de Jefta van Dinther, en esta misma sección de Artezblai:

 

GUIdance 17. Jefta van Dinther y Thiago Granato. This Is Concrete”, publicado el 22 de marzo de 2017.

 

Jefta van Dinther y los efectos del escenario en danza”, publicado el 3 de julio de 2015.

 

Alterar la percepción. Guidance”, publicado el 22 de febrero de 2014.

 

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