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Jue, Oct

Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

El estudio de la percepción, en nuestro caso de la percepción del espectador teatral, puede ser abordado desde distintos planos. Me interesa especialmente el que trata la fenomenología y las distintas corrientes dentro de esta. Puede que no haya oído hablar sobre la fenomenología previamente, se trata de un entre-deux entre la filosofía y la psicología con campos de estudio como el de las estructuras que nos hacen comprender el mundo compartido que vivimos o la descripción de estructuras subjetivas. Cuando se piensa en fenomenología, se piensa en Husserl, Heidegger, Merleau-Pony, Sartre o contemporáneos como Alba Nöe o Dan Zahavi, pero en esta columna hoy presentaré a James J. Gibson, un fenomenólogo eclipsado por Merleau-Ponty, eran coetáneos, y con un planteamiento teórico curioso frente a la percepción.

 

James J. Gibson fue un estudioso de la percepción y el papel que desempeña el cuerpo en la inteligibilidad. El trabajo de este filósofo tiene distintas etapas, pero es de especial interés acercarnos a la última de estas, a su acercamiento ecológico al estudio de la percepción, especialmente de la percepción visual. Enfrentado a un concepto de percepción inferida (no directa) desde Descartes, Gibson propuso que es un error pensar que la percepción se consigue exclusivamente mediante los órganos sensoriales y lo hizo afirmando que percibir no es algo que suceda, es algo que hacemos. Su acercamiento ecológico tiene tres principios: 1. La percepción es directa: Lo que se percibe no está en nosotros, sino que es parte del sistema que incluye a la persona y el objeto a percibir, 2. La percepción es para la acción: El propósito de la percepción es generar y controlar la acción, 3. La percepción es de affordances; Si la percepción es directa y no inferida y es guiada por la acción, tiene que haber suficiente información en el entorno para guiar la acción. Define así affordance como oportunidades de acción o comportamiento.

Bien, espero que aún quede algún lector para entender este concepto asociado a la percepción del espectador. Si como dice Gibson, la percepción es directa, esto significa que yo espectador no fabrico mi percepción basándome en lo que experimento al presenciar una representación, no hago ninguna gimnasia mental, no uso de mis canales sensoriales para canalizar lo experimentado en la escena. La percepción directa del espectador está basada en que este no está en contacto con los actores y, por tanto, no puede estar dentro de mí. Afirmar esto es decir que la mente no aporta nada de información, de alguna manera, la percepción desde la butaca estaría guiada por el comportamiento presenciado en el actor y el entorno, que debe contener suficiente información para guiar mi comportamiento; en lenguaje ecológico, tengo affordances que guían mi comportamiento.

Gibson fue un realista empírico anti mentalista, algo que le separa de Merleau-Ponty y su fenomenología de la percepción de la que hablaré en otra columna. Se puede o no estar de acuerdo, yo no lo estoy en absoluto, pero no hay que quitarle mérito a una propuesta tan osada. De hecho, existe una gran tradición gibsoniana que, con modificaciones, tiene este planteamiento para definir la percepción y de ahí la vida en la que la mente sobra. Los últimos psicólogos ecológicos como Withgen, defienden la necesidad de ampliar el concepto de affordance y distinguirla de las invitaciones. Como espectador, en un momento determinado de una representación teatral existen muchas oportunidades de accionar o comportarse frente a lo que experimento: puedo alarmarme, alegrarme, sonreír, gritar, levantarme e irme, dormirme, … infinitas alternativas de comportamiento que serían mis affordances, pero haría falta una teoría que explique por qué solo se percibe un número de estas y de esta selección solo unas pocas invitan a ser procesadas. Tengo curiosidad por saber cómo se puede avanzar por este camino que niega la subjetividad perceptiva asignando todo al generador de la percepción. Si un espectador no es más que alguien que recibe un trabajo y la percepción de este canalizado por una affordance, ¿por qué yo siento algo distinto a otro sentado a mi lado? Es curioso ver por dónde se mueven teóricos ajenos al teatro y traer sus estudios a este. Un empirista radical solo acepta la existencia del mundo que percibe y lo percibe directamente, por lo que el teatro, espacio transformador, no tiene fundamento. Qué triste, ¿no?