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Mié, May

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Enfrentada a la realidad virtual y otros malabares tecnológicos contemporáneos, la realidad real es definitivamente aburrida; no se puede saltar desde un avión sin paracaídas, no existen repeticiones instantáneas, no se puede retroceder una acción en busca de detalles, la cámara lenta no es una posibilidad, no se pueden acelerar acciones que estén siendo aburridas, no se puede variar el volumen ni acentuar cierta gama cromática, las alternativas para potenciar una experiencia real son francamente limitadas y si nos aburrimos, no existe el botón de apagado.

Para esquiar en los Alpes suizos no hay como unos lentes de realidad virtual, un buen juego interactivo en 3D, todo musicalizado con la melodía favorita, a una temperatura perfectamente climatizada por un equipo de aire acondicionado e idealmente con una cerveza bien helada a mano.

¡Puf!

¿Todo bueno?

¿Y qué hay de esos detalles no tan positivos que enriquecen una experiencia por haber sido capaces de sobreponernos a ellos?

Si todo fuese bueno nos transformaríamos en unos seres amorfos sin la más mínima iniciativa para sobreponernos a un inconveniente, por insignificante que este sea. En la filmografía está lleno de ejemplos de este tipo.

De partida, para esquiar creo que sin duda es mejor ir a los Alpes y disfrutar del viaje conociendo no solo nuevos paisajes sino que nuevas personas también.

Los lentes a ponerse simplemente tienen que ser para cuidar nuestros ojos de la fuerte luz, esto sin olvidar el bloqueador solar con agradable aroma a coco para proteger la piel de los UV.

Si sabemos esquiar, a disfrutar deslizándonos pendiente abajo mientras escuchamos ese suave craqueleo de la nieve aplastada por nuestros esquís y el viento acariciándonos la cara dándonos una sensación única. Terminaremos la jornada con una sonrisa decorando nuestra cara por la satisfacción de haber rosado la libertad.

Y si no sabemos esquiar, deberemos sobreponernos estoicamente de cada una de las caídas después de habernos sacado la nieve que seguramente ha entrado a nuestro pantalón y comienza a derretirse. Terminaremos la jornada con la musculatura agotada pero con una satisfacción por haber ido superándonos gradualmente difícil de describir.

La realidad virtual aún está lejos de ser plena como lo es la realidad real. Por muchos leones que hayamos visto en la televisión, un zoológico o un juego interactivo, hasta ahora al menos, nada de esto puede superar la sensación de estar en medio de la sabana enfrentado a un león mientras el calor hace que algunas gotas de sudor recorran no solo nuestra cara, sino que todo nuestro cuerpo y ropas. Que el olor se meta hasta lo más profundo de nuestra memoria y al primer rugido del rey de la selva, las ganas por correr lejos de ahí sean difícilmente controlables. Además, paciencia, de seguro la cerveza solo estaría a unos metros, rodeada de cubos de hielo dentro de un cooler.

El día en que la realidad virtual pueda entregarme una cerveza bien helada para comentar la experiencia vivida con alguien más, quizás en ese momento, la realidad real se vuelva aburrida, no antes.