Sidebar

21
Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz
Por lo que dicen algunos psicólogos, la opulencia nos hace más infelices. Estar rodeado de infinitas posibilidades materiales -algo que, por lo que dicen los economistas, es cada vez más difícil-, lejos de colmar nuestros deseos, los abruma hasta hacerlos casi desaparecer. Como si tener acceso a demasiado alimento mitigase nuestro apetito. Así somos de enrevesados. Ahora bien, y sin que sirva de consuelo, el nuestro es un enrevesamiento que sigue una lógica: si frente a una necesidad que debemos cubrir, encontramos un número de opciones que excede nuestra atención, no podremos sopesar nuestra elección con el detenimiento requerido, y ello nos llevará al stress primero y a la depresión después. Seguimos una lógica, pero no es fácil entendernos: si hay mucha sed y no hay bebida, nuestro deseo no se sacia; y si habiendo una sed ligera vemos mucha copa, nuestro deseo se colapsa. Enfermamos si no tenemos qué elegir y enfermamos también si hay demasiado donde elegir.

La conclusión de los expertos es que la exuberancia sin motivo, aquella que lo es sólo por pura ostentación, embota nuestros instintos y sentidos. Y en estas me ha dado por pensar que, si en la vida cotidiana la abundancia por la abundancia nos incita al desánimo, algo similar puede ocurrirle al espectador frente a una escena colmada de excesos. Puestos a dar cuerda al asunto, creo que ello se hace evidente al hablar sobre escenografía; particularmente cuando ésta funciona como decorado y no como espacio, cuando se confecciona pensando en la vista y no en la acción. Siempre he tenido la sensación de que ante a una escenografía grandilocuente, repleta de objetos y utensilios que permanecen sin accionarse, el ojo se pierde entre expectativas insatisfechas.

La expectativa de un objeto que ocupa un lugar encima del escenario no tiene que ver sólo con la estética, si resulta bello o no a primera vista, sino con su capacidad narrativa, con la particular existencia que vivirá sobre las tablas, y que es muy probable que nada tenga que ver con la existencia que tiene en la vida cotidiana. Por eso me suele resultar útil pensar en la escenografía como una dramaturgia de los objetos, entendiendo que lo mismo que un personaje, un objeto que sube a escena debe tener también una historia que contar. Los objetos escénicos, al tiempo que acogen la vida de los personajes, tienen también una vida propia que los mantiene en constante transformación. Antón Chéjov sintetizó esta idea de forma excepcional: "si en la primera escena aparece un rifle, alguien deberá dispararlo en la última".

Una lectura similar puede hacerse en el oficio de la interpretación. El actor o actriz que se desperdiga en múltiples alardes sin centrarse en ninguno, corre también el riesgo de defraudar las expectativas que genera. Menos es más, como dicen, y a veces lo excesivo es peor que nada. Tengo una anécdota de un gran amigo y actor que en este contexto viene como chismorreo al patio. Resulta que este actor del que os hablo decidió, con cierto recorrido ya a sus espaldas, estudiar clown con un maestro de gran prestigio. Su trayectoria había ido por otros derroteros, así que lo de la nariz roja era nuevo para él. No fue fácil: impulsivo e hiperactivo como es, le costaba encontrar la eficaz sencillez que tiene el buen payaso. Así pasó los cursos, saboreando esa amargura indescriptible de quien pretendiendo hacer reír solo obtiene miradas de mármol. Ponía toda la ilusión y todo el empeñó, pero era en vano. El maestro, con el tono de las bromas que dicen cosas serias le había apodado "el peor clown del mundo". Tal era la cosa, que en el espectáculo de fin de curso, a diferencia del resto de sus compañeros, él no iba a mostrar ninguna escena. El maestro sólo le permitió limpiar el escenario en el intervalo de dos escenas. Eso sí: con la nariz roja. Pero antes de salir a escena, el maestro le permitió una licencia: "cuando estés limpiando puedes parar un instante y mirar a los espectadores". Muy obediente él, así lo hizo: salió a limpiar, y en un momento dado paró y alzó la cabeza hacia las butacas. Para su sorpresa, los espectadores, conmovidos por la ternura de ese personaje fugaz, rompieron en carcajadas. "Hasta entonces no intuí lo poderosa que puede ser la sencillez en escena", me decía hace poco. En aquel leve gesto de cabeza entendió de golpe lo mucho que se puede obtener con muy poco.

Nuevo número de la revista ARTEZ


Visita nuestra librería online

Todos los libros de la editorial artezblai

NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€