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Dom, Ago

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

La técnica de los Viewpoints sigue expandiéndose por el mundo de la escena. Su amplia distribución y reconocimiento se debe principalmente a Anne Bogart y su compañía, la SITI Company, que a través de múltiples seminarios internacionales han encendido el interés por este entrenamiento que, a su vez, guarda dos características esenciales que impulsan su propagación: versatilidad y transversalidad. Es una técnica versátil porque apela a los principios básicos sobre los que se teje cualquier arte escénico y que son instintivamente fáciles de reconocer; y transversal porque se aplica tanto al teatro como a la danza por igual, así como a actores, directoras o bailarines (a partir de aquí diremos “performers” para englobar a todos ellos). 

El hecho de que los Viewpoints se hayan difundido bajo el paraguas de Bogart y la SITI Company hace que habitualmente se piense, erróneamente, que fueron ellos quienes originaron dicha técnica. Sin embargo, quien originó dicha técnica fue la artista norteamericana, bailarina y coreógrafa para más señas, Mary Overlie. Sucede como con los ríos: que asociamos la ciudad que los alberga a su lugar natal y, sin embargo, su origen generalmente está en un remoto pico a muchos kilómetros de distancia. El interés por enfatizar que los Viewpoints fueron desarrollados por Overlie no es sólo una cuestión de justicia en términos de propiedad intelectual, es ante todo un paso esencial para entender en profundidad los Viewpoints, tanto en sus aspectos técnicos como filosóficos. De la misma manera que una obra artística transparenta el pulso ético y estético de quien la crea, lo mismo sucede con las técnicas y metodologías artísticas: conocer a la persona que está detrás de ellas resulta esencial para comprender la inquietud ideológica que la ventea y palpar el particular sentido de belleza que persigue. Nuevamente sucede como con los ríos: el lugar donde se origina el primer manantial, su recorrido durante los primeros meandros determina el carácter y el caudal del futuro río.

Confieso que escribo después de trabajar con Mary Overlie de forma muy intensa durante casi dos semanas. Tengo el cuerpo aún trémulo tras tanta vivencia, entrenamiento y búsqueda, y por lo tanto lo objetivo y lo subjetivo son mareas que se mezclan en mi pensamiento, en este discurrir de palabras. Aun así, mientras navego entre ambas mareas, me gustaría hablar de esta experiencia y trazar algunos aspectos de los Viewpoints que precisamente se hacen evidentes cuando éstos se transmiten a través de quien los originó. 

Pero antes de sumergirme en ellos, un pequeño apunte para quienes no conocen los Viewpoints y están a punto de despegar la mirada de esta página porque no saben exactamente de qué estamos hablando. Los Viewpoints son una técnica no jerárquica para el entrenamiento de artistas y la creación de piezas escénicas. En su origen, de la mano de Mary Overlie, los Viewpoints se componen de seis elementos básicos que están en la base del arte escénico (sea danza o teatro, y todas sus mezclas y derivaciones) y que se invita a explorar a través de sofisticadas improvisaciones. Los seis elementos son estos: espacio, forma, tiempo, emoción, movimiento e historia. En su evolución por parte de Anne Bogart, con una visión más enfocada en la creación de espectáculos teatrales, los seis Viewpoints derivaron en otros que incluían tempo, duración, repetición, respuesta cinética, relación espacial, gesto, topografía o arquitectura, a los que sumaron también Viewpoints vocales.

El primer aspecto que me gustaría resaltar es el eco filosófico que envuelve la práctica de los Viewpoints. La investigación de Mary surge cuando en Estados Unidos hay dos figuras que interpelan seriamente la definición del arte y el rol del artista: John Cage y Merce Cunningham. Cage, a través de su música aleatoria que niega la definición clásica de lo melódico y mediante el uso de instrumentos no convencionales, y Cunningham, a través de una danza que rechaza la emoción, el uso de los símbolos y la narración explícita, ambos desnudan el arte de capas superficiales para intentar llegar a su esencia. En un proceso de deconstrucción que busca reconocer y experimentar los elementos básicos que componen el arte, ambos llegan a una pregunta que se sostiene en el aire sin necesidad de respuesta: ¿Qué es el arte? Y en concreto: ¿Qué es la música? ¿Qué es la danza?

El proceso de investigación y de deconstrucción que Mary lleva a cabo a través de los Viewpoints es una continuación de lo comenzado por Cage y Cunningham, pues aquí también se interroga activamente sobre lo que es el arte tanto para quien hace como para quien observa, como tratando de definir las coordenadas de esa línea invisible que separa lo cotidiano de lo artístico. En el marco puramente filosófico, encontramos un movimiento que encaja con los Viewpoints y que Mary adopta con gusto: el posmodernismo. Quien quiera tirar de este hilo puede leer a Jacques Derrida y sus continuaciones. En el caso que nos ocupa, podríamos decir que en Mary Overlie el posmodernismo se cristaliza en tres características esenciales de los Viewpoints: percepción de la diferencia (la capacidad infinita por reconocer nuevos detalles en cualquier objeto dado), la deconstrucción (la capacidad en desintegrar en unidades lógicas y coherentes aquello que pertenece a un todo) y la horizontalidad (no establecer jerarquías entre los elementos y las personas que se ponen en juego durante el proceso artístico).

El eco filosófico del que quiero hablar se vuelve quizá muy etéreo al mencionar el posmodernismo, pero es materia palpable cuando uno trabaja directamente con Mary, quien con esa sonrisa juguetona se autodefine como una anarquista original. Anarquista no en el sentido al que se asocia comúnmente, ese grito entre el caos y el nihilismo, sino como alguien que está en contacto con la naturaleza y que no necesita de reglas externas para funcionar positivamente dentro de un todo. El anarquismo original de Mary asume, en esencia, la no jerarquía como perspectiva para estar en el arte y en la vida. 

En la práctica de los Viewpoints la no jerarquía se instala en los elementos básicos que conforman la técnica: el espacio no es más importante que el tiempo, el tiempo no es más importante que la forma, la forma no es más importante que el movimiento, y el movimiento es igual de significativo que la historia o la emoción. De manera no menos relevante, la no jerarquía es también la forma de establecer conexiones entre los artistas tanto dentro como fuera del espacio de trabajo: no hay distinción entre quien dirige y quien actúa, entre actriz o bailarín, entre expertos o recién llegados. “No hay que ser perfectos para hacer Viewpoints” nos decía Mary. La no jerarquía, por lo tanto, como articulación práctica de los elementos que conforman la técnica de los Viewpoints pero también y, sobre todo, como principio político en la relación entre las personas. 

Con este trasfondo ideológico y filosófico, los Viewpoints se experimentan como un ejercicio de libertad artística a través de pautas en las que se gana destreza después de años de práctica y donde los artistas entrenan a estar juntos en sus diferencias, en un espacio que encuentra la organicidad, precisamente, en la diversidad artística de las personas. Se conforma así, a través de un silencioso impulso rebelde, un oasis creativo en medio del arte mayoritario, secuestrado ya por el pensamiento neoliberal, donde todo se traduce en términos de rendimiento, ganancias y pérdidas, oportunidades y fracasos. 

El otro aspecto que creo es importante señalar es el carácter investigativo que Mary imprime a las sesiones de Viewpoints. Como apuntaba previamente, si bien Anne Bogart y la SITI han desarrollado hasta nueve Viewpoints, a los que se unen los Viewpoints vocales, Mary se ha mantenido en los originales seis elementos que componen la técnica. Es decir, los Viewpoints de Mary son un mapa menos señalizado, con menos indicaciones y guías predeterminadas, precisamente para que el intérprete se apodere de la técnica a través de su propia búsqueda, de su personal binomio ensayo-error. 

El afán por una exploración real se traduce en un enfoque que, muchas veces, prima el proceso creativo del performer sobre un resultado que embelese a quien mira. Un ejemplo, al trabajar la forma (la forma física que el cuerpo esculpe en el espacio) Mary puede tener al performer durante 45 minutos en quietud indagando su forma corporal, analizando minuciosamente sus características físicas (el ángulo que conforman los dedos de la mano, el espacio vacío que se dibuja entre el brazo y el tronco, las curvaturas en las que se articula la espina dorsal, etc.). Otro ejemplo, en la práctica llamada “pastoreo” (“grazing” en inglés), los performers están observando durante 20-30 minutos un pequeñísimo elemento de un determinado entorno natural. Después el performer transformará esa larga y detallada observación en una pieza de movimiento. Estos procesos intencionadamente largos (difíciles de concebir en otros ámbitos creativos y educativos) persiguen no sólo reivindicar la curiosidad y la búsqueda como lugar de pertenencia habitual del performer, sino que dicho proceso transforme su manera de pensar, que reconecte su sistema nervioso con nuevas sinapsis, en una invitación a repensar su realidad y su arte mientras se aleja de automatismos ordinarios. 

Como decía, escribo después de trabajar recientemente con Mary Overlie y tras casi diez años de desarrollar la técnica una vez que la conocí de la mano de Anne Bogart y la SITI Company. Escribo pues tras visitar el pico remoto donde se originó ese manantial que se ha convertido en un gran río. Percibo aún mi cuerpo trémulo, incapaz de discernir lo objetivo y lo subjetivo, pero creo que mi panorámica sobre los Viewpoints ahora es más bella, pura y amplia.