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Vie, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

Han coincidido en el tiempo Mercartes, en Sevilla y MAU, el Mercado de las Artes de Uruguay en Montevideo. El evento sevillano marcado por la situación económica general, dando muestras del estado depresivo en el que se mueven las artes escénicas en el Estado español. Mercartes, además, conteniendo como hace dos años el Salón Internacional del Libro Teatral, que parece ha tocado definitivamente fondo. El recién creado MAU ha estado también marcado pero justo por lo contrario, por las esperanzas, por las expectativas, por las necesidades y por la acción coordinada de todos los agentes para intentar colocar la creación de teatro, danza y música uruguaya en las posibilidades de contratación de programadores de medio mundo.

Mercartes ha sufrido todos los accidentes como para que se resintiera. En uno de los años más horribles de las artes escénicas, con la subida del IVA como espoleta que ha hecho explotar la delicada relación de equilibrio, debiendo retrasar su celebración debido a una huelga general convocada para el mes de noviembre, con una profesión desmotivada que además de sentirse agobiada por el presente, no ve soluciones para el futuro, se ha celebrado, para dejar constancia de la existencia de productores, compañías, programadores, instituciones que declaran su voluntad de seguir, pero que sienten un hálito secreto de mal diagnóstico, lo que se convierte en falta de confianza.

Y si se plantea como un mercado, es decir de muestra de lo hecho, para que se compre para su exhibición, ahí están rotas las reglas de juego. Hoy no existe casi contratación a cachet, se juega a otra cosa, a los porcentajes de taquilla, opción para la que no están preparadas las partes, porque incluso en algunos teatros no tiene posibilidad reglamentaria de hacerlo sí, sin olvidarnos de una demagógica política de precios de las entradas que hace inviable la recaudación suficiente. Es decir, los responsables de esta edición harán los análisis serenos.

Sobre el Salón Internacional del Libro Teatral, el ir a remolque de Mercartes, que es una instancia pensada para el mercado de espectáculos, no de libros, y si bien los organizadores darán sus opiniones sobre lo sucedido, lo cierto es que desde la parte que nos toca, como editores y como libreros, se han cumplido las peores expectativas. Ha sido ruinoso. Se debe hablar muy en serio para definir qué se quiere hacer de aquí en adelante con este Salón, que es cada vez más necesario, pero que se debe potenciar desde dentro, pero con proyección exterior, y debe tener una sede fija desde donde irradiar sus posible viajes a otros lugares. Es una opinión que seguramente no compartan los organizadores.

Decíamos que en Montevideo uno ha vivido la inquietud de la primera vez de muchos artistas y productores. De la colisión de lenguajes. Porque espectáculos de gran profundidad artística, no eran defendidos en sus resúmenes y contactos con los programadores de las mejores maneras. Una epifanía de expectativas, un inicio de algo que se tiene planeado que funcione cada dos años, y que deben analizarse sus resultados en relación a la realidad de sus producciones, sabiendo que al ir a la vez teatro y danza, junto a la música, será esta última la que tendrá resultados inmediatos más reconocibles.

Dos maneras de afrontar este concepto de mercado, Mercartes encabezado por las organizaciones empresariales, la red, los autores, con ayudas institucionales evanescentes, mientras que el uruguayo se plantea como una estrategia estatal, emanado desde el Instituto Nacional de Artes Escénicas, canalizado a través del Festival Internacional de Artes Escénicas, ambos subvencionados y patrocinados por el Estado uruguayo o por la Intendencia de Montevideo, y otras instancias de gobierno, con una clara idea de apoyo a la comercialización de sus bienes culturales. Dos maneras diferentes de propiciar lo mismo. Dos circunstancias económicas y culturales divergentes. Ahora iremos pensando un poco más y sacando conclusiones.