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Dom, Ago

Foro fugaz | Enrique Atonal

Demostración en forma de teorema teatral. 

Hipótesis. Sea un llamado clásico que logró romper las reglas dramáticas de su tiempo, con la premisa: Lo que gusta es lo que convence (Regla única para la escena) y se convirtió en un paradigma del hombre de teatro contemporáneo. 

 

Desarrollo. La supremacía de lo que ocurre en escena la presenta en La Crítica a la Escuela de las mujeres, para defender la obra que en su estreno había causado escándalo, acusada de ser inmoral, contra las buenas costumbres y contra las reglas del arte. De todo esto se defiende Molière en un diálogo-discusión entre cinco personajes en donde contra viento y marea defiende sus conceptos teatrales. En el teatro lo importante ocurre en escena, no en las teorías dramáticas, no dice en substancia en ese texto. En La improvisación de Versalles afina sus posiciones y consagra a la relación escena público como la más importante para el teatro. 

Antítesis. Para presentar la teoría Post Dramática Gérard Thieriot advierte:  Un espectro recorre al teatro contemporáneo: el dramaturgo. Aristóteles lo había legitimado, así el autor tenía su canon intangible, infalible. Sin embargo, su rechazo ulterior, su autoridad refutada, y finalmente la proclamación de su muerte, lo han destronado. Asimismo ha quedado destronado el texto dramático, o más bien la pretensión de querer someter la escena, y con ella al público, al poder autoritario de un discurso preexistente, de un autor demiurgo. El teatro postdramático constituye una ruptura, que se inscribe en la violencia hecha al estatus del texto y del autor, cuya posición, su papel, su derecho al reconocimientos deben redefinirse. Se encuentran primicias de esta actitud en los orígenes del teatro antiguo, aunque más recientemente en Maeterlinck, Claudel, Yeats, Artaud y otros.

Thieriot Gérard.

(Corrección de la antítesis) Gérard te equivocas al considerar a Artaud como uno más. Si alguien está detrás del teatro postdramático y de la prioridad de la creación en escena es Antonin Artaud que en El Teatro y su Doble sintetiza lo que para él es un teatro en la escena para la escena. 

Desarrollo. Admitamos que Molière se encontraba atenazado entre dos tendencias: la que imponía un teatro aristotélico en la que intervenían las tres consabidas unidades, más otras que habían inventado los críticos franceses de la época: la del decoro, los buenos modales. Así encontramos un teatro clásico francés muy alambicado, propicio para la recitación pretensiosa. Molière lucha denodadamente contra esta tendencia desde el principio de su carrera, primero por despecho (lo rechazaron como actor trágico), después por convicción. 

Por otro lado existe la seducción y enseñanza de la Comedia del Arte. Ahí Molière aprendió que lo importante en el teatro ocurría en la escena. Comedia del Arte, teatro postdramático por excelencia, en donde cada noche se inventa una trama de acuerdo con el humor de la compañía, de los sucesos de la jornada y del ánimo del público. La Comedia del Arte nunca tuvo textos, tuvo personajes y un profundo sentido de la relación entre la escena, el público y la improvisación. 

Contraataque. A estas altura de la demostración quizá algún lector se jale los pelos, se mese la barba y vocifere: Molière es el ejemplo mismo de un autor dramático. Y tal vez tenga razón. Pero el actor-director-autor, francés escribía sus obras para la escena, para sus actores, para sí mismo y después de que se presentaban ante el público, las afinaba antes de darlas a la imprenta.  

Además, para la eficacia de la escena, fue capaz de mezclar géneros, de introducir ballets y música en sus obras y de utilizar pantomimas para afianzar el espectáculo. Es verdad que tuvo la audacia de escribir sus comedias en verso, pero fue la intuición de que de este modo lograba darle volumen a sus obras satíricas, y lo hizo con magistral soltura. 

Porque habría que preguntarse si en la era del post teatro es necesario el texto dramático y lo que conlleva: uso de la voz, saber articular, tener buena dicción, cantar, decir el verso, memorizar, y todo aquello que tiene que ver con la palabra; si el comediante debe tener habilidades propias de otras disciplinas, como la danza, la pantomima, la música. Las exigencias de las disciplinas escénicas no teatrales son tremendas: las verdaderos bailarines toman clases todos los días, los cirqueros entrenan cotidianamente, los cantantes y músicos  empiezan su jornada con las gamas vocales, ¿y los actores en el post teatro? 

Pero nos alejamos de nuestro teorema, ¿el hombre de escena Molière es sí o no un ejemplo de escritura teatral en el foro? Y mi respuesta es categórica: Molière escribió para la escena, papeles a la medida para sí mismo, para sus actores, para el espacio que les fue asignado y para el público que acudía a sus representaciones. 

A este respecto me viene a la memoria Antonin Artaud el principal teórico postdramático; recordemos el capítulo Para terminar con las Obras Maestras del Teatro y su Doble en el que invita a los directores escénicos a terminar con la admiración sumisa de los grandes textos. Pero, contradicción típica de un genio, no por eso deja de admirar y recomendar el texto de John Ford Lástima que sea una puta (perdón si a los castos oídos de nuestra época suena muy fuerte esta última palabra). Las recomendaciones de Artaud encontraron un fuerte eco, en ¡los dramaturgos del llamado teatro del absurdo! Porque así van las cuestiones teatrales, llenas de contradicciones creativas contra cualquier norma. 

Así que reconozcamos que las artes escénicas requieren inspiración, creatividad y disciplina. Como decía Picasso: La inspiración existe, pero cuando llega, más vale que te encuentre trabajando.  Así pasó con Molière, así pasará con cualquiera que se dedique al teatro, más allá de arrebatos histéricos en la escena escudados en la teoría postdramática. 

La audacia escénica de Molière lo llevó a morir en el foro y ser enterrado entre los niños no bautizados. ¿Será porque se auto bautizó, dejando a un lado su abolengo de Jean-Baptiste Poqueline para convertirse en el cómico Molière, señor de la escena? 

Enrique Atonal, París, 2019