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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Como bien saben estamos en campaña electoral para renovar a diputadas y diputados que puedan conformar una mayoría que propicie un nuevo gobierno para el, reino de España. Antes se había realizado la convocatoria para renovar las direcciones de las unidades de producción del INAEM. Es posible que las tramite un gobierno, un equipo ministerial y las decidan otro equipo ministerial de otro gobierno. Y usando la misma ley obsoleta, los mismos reglamentos que nos han llevado a este, a mi entender parálisis creativo, rutina funcionarial, mediocridad instaurada como demagogia y categoría irrevocable. Y estos nombramientos que se producirán en breve, son condenas para cinco u ocho años, como hemos sufrido en los que ahora terminan.

 

Por lo visto nunca es el momento oportuno para acometer, de verdad, una reestructuración fruto de una reflexión seria, quizás contemplando la necesidad de una ley orgánica, para que todo lo referente a las Artes Escénicas, no sea casual, oportunista, chapucero, con aires de gremialismo, buscando parchear lo de hoy, olvidándose del futuro por lo que se perpetúa lo poco funcional, cultural, estructural de lo que hemos ido transformando en una nada envuelta en papel de celofán con el paso de los años. 

Pues sí, insistiré. Porque ahora todos los partidos en celo volverán a resucitar las propuestas viejas, calcadas unas de otras, sin una mirada real a las necesidades Culturales de la población de un Estado español, convulsionado por diecisiete circunstancias clientelares, por una distribución de recursos que ha quedado fijada en lo económico y no en lo educacional, en sembrar vocaciones, crear aficiones, regenerar los públicos con hechos y no con folletos y fórmulas bien aplicadas a las circunstancias de cada lugar, región, comunidad o realidad idiomática. Si no se logra un Gran Pacto Estatal por la Cultura o las Culturas, iremos cambiando de epígrafes, subirán los presupuestos un poco o bajarán un mucho, pero no avanzaremos. Claro, algunos resolverán su caso, su asunto, pero sin un Plan General, seguiremos en este oportunismo patológico, esta tendencia a las modas y a los bloques de poder pequeño que en cada momento se instalan de manera lobista e irradian desde Madrid u otro lugar, pero los datos generales, de lectura, de acudir a espectáculos en vivo, de vocaciones nuevas, de regeneración de estructuras y de usos democráticamente fiables de los espacios ya existentes, permanecerán en el capricho, en las famosas competencias impropias, es decir que pueden haber o no haber teatros, programaciones, cursos de iniciación a las artes escénicas en una población, dependiendo de la voluntad coyuntural del concejal o la alcaldesa. Y eso es doloroso. Eso es nefasto. Es un desprecio hacia las artes escénicas, pero, sobre todo, hacia la ciudadanía, a la que se considera insuficientemente motivada o preparada para seguir ese camino cultural boyante, excitante, comprometido, de progresos, colaborativo, de proyecto de vida, de bienestar social.

Así que otro gobierno, otra situación propensa perdida, vamos a elecciones, puede pasar lo peor en términos generales, pero siempre será lo peor en términos culturales, porque nadie exige a ningún partido compromisos en esos terrenos estructurales: Educación y Cultura. No están en la asfixiante agenda electoral de estos momentos involucionistas.

Nos quedan puntos de luz. FETEN es uno de ellos. Ahí se concentran las energías en todos los sentidos, de manera positiva e ilusionada. Un año más, mi agenda no estrictamente profesional, me impide acudir. Seguro que transcurrirá dentro de lo esperado. Y que sea un año de buena cosecha.