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Dom, Feb

Y no es coña | Carlos Gil

Con bastante frecuencia una duda anida en el principio de una reflexión para acumular energías contradictorias que acostumbran a proteger el miedo. Quizás debería ponerse en plural: los miedos. Es la incertidumbre patológica o la consagración del pensamiento totalitario y monolítico lo que hace que aparezcan monstruos en cada esquina. Nunca se puede asegurar que has entendido la acción del gobierno cuando vives en una situación en la que tu ramo está dirigido por un ministro trifásico además de ser el titular de la portavocía. Siempre hay que sospechar de las decisiones tomadas en la oscuridad de los despachos que frecuentan los mercaderes y no los artistas o gestores con fehaciente voluntad de servicio público. A veces se puede pensar en que no existe la verdad, ni la razón, sino algunas verdades reveladas y un montón de razones.

Por lo tanto, no hay signos de que haya llegado la primavera en el INAEM. El gobierno del PP no parece que haya prestado la atención que se merece a un instrumento de tanta entidad, una institución que de alguna manera tiene el presupuesto más amplio en cuanto a las artes escénicas, que mantiene unidades de producción, que tiene una nómina importante de trabajadores propios. Por eso nunca hay que desistir en buscar una posibilidad de redefinición de este Instituto, acorde con los tiempos y con los estatutos de autonomía de la última hornada. Siempre hay que estar alerta ante la nueva recentralización que se está haciendo desde el PP y que los de Ciudadanos amenazan con incrementar. A veces hay que pedir a las alternativas políticas que se retraten, que digan públicamente qué piensan hacer en el caso de ganar con este aparato tan poco eficaz y tan devaluado. 

Fue con un gobierno socialista cuando se estuvo a punto de convertir el INAEM en una Agencia, que es otra manera de tirar las pelotas fuera, de eludir responsabilidades en todas sus consecuencias y que nadie ha explicado cuál sería su funcionalidad y en qué mejoraría a las artes escénicas. Nunca hay que perder la pista de estos intentos que no hicieron otra cosa que aparcarse, dejarse orillados en espera de tiempos mejores. Siempre existe la mala posibilidad de que un asesor infausto, un funcionario de muchos quinquenios, desempolve esas carpetas y bien maquilladas las presenten como una novedosa salida. A veces, repasar los papeles perdidos, sirven para esclarecer de dónde venimos. Porque ahora mismo sería bueno saber qué se hizo con aquel famoso Plan, que tuvo una docena de versiones y participó de manera activa gran parte de los gremios interesados.

¿Es el momento de ponerse a pensar en el futuro del INAEM? Nunca se deberían hacer estas preguntas tan retóricas, especialmente por quien, como el que suscribe, lleva años pidiendo una reformulación de este órgano que coordine y armonice todo lo referente a las artes escénicas en el Estado español. Siempre es bueno pensar, introducir variables, ajustar los objetivos, dedicarse a buscar nuevos paradigmas, diseñar lo que debería ser una acción positiva en los próximos años. A veces, mirar a los lados, arriba y abajo, comparar, estudiar hasta las propuestas actuales en diversas autonomías ayudaría a comprender que todo es posible, que se trata de una decisión política básica, referente a la Cultura, a las Artes Escénicas, con una ley de futuro que garantice presupuestos equilibrados, solventes y compensados.

Por eso mantengo el tipo. Nunca me rendiré. Siempre perdonaré para hacer fuerte. A veces dudaré hasta el absurdo de mis convicciones para reafirmarlas. 

 

 

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