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Lun, Sep

Velaí! Voici! | Afonso Becerra

Es muy higiénico y necesario que, de vez en cuando, desde el escenario alguien nos ponga los puntos sobre las íes. El día a día nos va domando y sometiendo casi sin que nos demos cuenta o sin que podamos remediarlo. En el día a día las palabras importantes acaban desgastándose y perdiendo su valor, por causa del uso y abuso que hacemos de ellas en las redes sociales y en los Mass media (los medios de comunicación de masas). Acabamos acostumbrándonos y, sin darnos cuenta, aceptando afirmaciones nocivas e injustas de tanto escuchárselas, por ejemplo, a los militantes de partidos de extrema derecha (de extrema izquierda, hasta donde me alcanza el conocimiento, no sé de ningún partido) y a sus representantes en el Congreso, difundidas por televisiones, radios, periódicos… La falta de respeto a la diversidad nacional, lingüística y cultural del Estado, es moneda de cambio. La falta de respeto a la diversidad sexual, a los derechos plenos del colectivo LGTBIQ+, a la igualdad de género… campa a sus anchas.

 

La lacra del machismo constituye la beta principal de nuestra educación, de nuestra tradición y cultura. Sobreponerse a la injusticia histórica que implica el machismo presupone, primero, ir reconociendo todos los conceptos, pensamientos, actitudes y acciones ligadas a esa discriminación negativa.

Que nos hayamos educado en la diferencia comportamental de los roles de género: hombre/mujer, desde la apariencia externa hasta las funciones a desarrollar en la vida, lleva consigo una brecha de consecuencias nefastas.

La reeducación postural nunca ha sido una tarea fácil, porque, como acabo de señalar, presupone reconocer el error instalado en el hábito. Esos hábitos arraigados por la tradición, la cultura y la educación, que resultan invisibles si alguien o algo no nos abre los ojos.

El teatro, en algunas ocasiones, nos abre los ojos. En la 36 Mostra Internacional de Teatro (MIT) de Ribadavia (Ourense), tuvimos la oportunidad de flipar con Rebota, rebota y en tu cara explota, de Agnès Mateus y Quim Tarrida, el 19 de julio de 2020.

¿Cómo se puede hacer un espectáculo tan duro y tan divertido a la vez?

Esto es lo que yo me preguntaba al salir del Auditorio do Castelo de Ribadavia, después de ver Rebota, rebota y en tu cara explota. Y aún sigo preguntándomelo semanas después. Claro que el propio título ya es elocuente a ese respecto: parece un juego, pero, a la postre, en nuestra cara explota.

El asombro comienza con la propia presencia imponente de Agnès Mateus, una actriz todoterreno que hace saltar por los aires toda la parafernalia cultural machista que constituye esta sociedad, infectada por discriminaciones de género, etnia, etc.

Rebota, rebota y en tu cara explota es una pieza postdramática anti-eufemística, que nos pone los puntos sobre las íes. Echa por tierra la tradición de los cuentos con los que nos inculcaron, directa o subrepticiamente, la violencia contra las mujeres, el miedo y la sumisión, ya sea en las descarnadas versiones originales de esos cuentos, ya sea en las versiones edulcoradas de Walt Disney. Hace un repaso a la inmensa lista de chistes, expresiones e insultos machistas; a toda la cultura pop escondidamente misógina; a todo el populismo patético y masivo del falocentrismo.

Agnès se disfraza de pene (de la polla que hace las delicias de todo quisque), de princesa de cuento de hadas… de payaso diabólico, que afila los cuchillos que, después, van a rozar su cuerpo, el de la mujer contra la pared.

Toda la performance abierta hacia la grada, exultante de fuerza y energía, convierte la dureza y la gravedad de lo que dice en un show procaz, divertido y, sobre todo, absolutamente necesario. Incluida la sugerencia, que parece no salir de sus labios, en un irónico y humorístico ejercicio de ventriloquía, sobre los reyes, no los de cuento sino los de España.

Después de la 36 MIT Ribadavia, esta coproducción del Festival TNT – Terrassa Noves Tendències, L’Antic Teatre de Barcelona y Konvent Punt Zero de Berga, se fue al 37 Festival de Almada (Portugal), donde consiguió el premio del público. Esto implica, entre otras cosas, que, además de ser un espectáculo potente, el público de teatro, este público, es progresista y ha aceptado el reto.