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Vie, Mar

Y no es coña | Carlos Gil

Salir del bucle. Entrar definitivamente en un lugar sin gravedad administrativa ni institucional ni política. Escapar de la rutina del quejido y de la absolución de los pecados por tres gestos de indignación. Estas son algunas de mis promesas electorales. No puedo permitirme perder más el tiempo en lo adjetivo. Uno siente un mordisco en las cervicales que le impele a seguir sin volver la vista atrás, casi sin mirar a los lados, ni siquiera por el retrovisor. Se nos va la pascua mozas, y no hay que rezar más, sino actuar.

Quisiera poder proclamarme un ser autárquico, independiente de todos los gobiernos, gobiernillos, concejalías, diputaciones, promotores, sociedades de gestión, agrupaciones gremiales, asociaciones de vecinos, flautistas o cazadores de gambusinos. Pero algo me lo impide. Falta de coraje, adscripción patológica a cumplir las leyes de los humanos, las divinas hace tiempo que me las fumé, y por ello choco siempre con una maldita realidad. Hay que ir al médico, viajar, estudiar, hacer la compra cada día, y eso necesita un ordenamiento que por norma, choca con tus libertades más primarias.

Y volvemos a empezar, soltar amarras, hacer una hoja de ruta, decidir de lo que uno hace, lo que es fundamental, lo que uno desea hacer para distinguirlo de lo que hace o por necesidad económica o por compromiso contractual, moral, vital, ideológico. Y en ese choque de campos magnéticos van pasando los días, los diagnósticos se acumulan, las esperanzas reverdecen para inmediatamente ponerse moradas y al fondo, solamente queda ese leve hilo de la vida que nos lleva hacia un estadio diferente de la conciencia y la percepción de la realidad, del mundo que nos rodea, de nuestra profesión o profesiones, de las posibilidades de sobrevivir al cambio que se anuncia y no llegará.

En lo específico de los asuntos de las artes escénicas que es lo que más o menos uno conoce, detecto desde esta lejanía que me hace mirar con microscopio lo que está sucediendo, un sistema que ahoga, que no es propicio para la creación libre, sino que está todo tan estabulado, todo tan reglado, tan controlado y en manos de decisiones subsidiarias de los políticos, que es necesario reventarlo de una vez. Hay que soltar mucho lastre para que vuelva a tener una posibilidad de operatividad. Y me temo que nadie está por esta labor, todos por una continuidad suicida, peor que les solucione el arreglo de la grifería de su casa.

Dicho esto desde la marginalidad, al estar fuera del negocio impropio se detecta la base de una sintomatología criminal, que se puede comprobar desde la estadística o desde la pragmática, pero que nos hace sentir un ambiente asfixiante pese a la buena voluntad, a la incesante capacidad de tantos amantes de las artes escénicas que se dedican a ellas con ilusión, acaso con talento, muchos con formación, pero sin futuro. Hacen y hacen, perdón el verbo es producir, producen y producen, y se arruinan y siguen arruinándose, entran en parámetros de miseria, pero al lado, justo en la misma cera de la calle, los hay que se enriquece, con los presupuestos públicos a base de copar un mercado casi mafioso.

Bueno, amigos y amigas, buenos días, buena semana, que en Andalucía crezcan los geranios, que viene semana santa y todo lo cura y que este que les escribe cada lunes siga pudiendo mirar al horizonte, porque intuye que detrás hay algo que le espera.

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