Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

Programa de mano, ¿sí o no?

Desde que volvimos a los teatros desde la pandemia, vemos que, con más frecuencia, en vez de programa de mano, se nos invita a leer con el móvil un código QR que nos lleva al programa de mano virtual. Programa de mano, ¿sí o no?
Yo reconozco estar dividido. No puede servir de excusa decir que el que asiste al teatro tiene móvil y puede descargarse el programa. Lo entiendo, lo he hecho, pero es solo medio satisfactorio. Eso de tocar, aunque sea un papelito, algo que me acerque sutilmente a la obra, es como un aperitivo, algo que degusto tranquilo en la butaca. El gesto de hacerlo desde un móvil es más aburrido, lo hago para todo y a todas horas y el teatro se merece algo distinto. Además, no olvidemos que este sistema puede excluir a personas no habituadas a manejarse con tecnologías. Y, por cierto, qué me dice del vecino de butaca que se lee el programa virtual con la obra empezada.
La única ventaja que veo en una programación virtual es que, además de leer lo que quieran publicar, podría verse algún enlace a demás información, vídeos, entrevistas, etc. Solo una vez he tenido ocasión de hacerlo, y es cierto que complementa a la experiencia, no tanto a la obra. Entonces, ¿la cantidad (más información en el móvil) iguala a la calidad (cualquier programa de mano)? Sí y no. Como digo, estoy entre dos aguas.
Un neurocientífico diría que al leer en pantalla no se hace en profundidad, acaso se ojea y muchas veces se hace una lectura diagonal perdiendo así la capacidad de analizar y opinar con conocimiento de causa. Luego vuelvo a este tema, pero esto puede que no sea tan malo como parece. Recuerdo haber leído hace cosa de un año una entrevista a una neurocientífica, disculpe el lector que no recuerde su nombre, que decía que solo el cuarenta por ciento de los lectores lee exclusivamente en papel, me llamó la atención porque reconozco caer en ese porcentaje y subjetivamente puedo constatar que la lectura del programa de mano en pantalla, además de perder (o no ganar) mi interés, me impide llegar a una mayor empatía con los personajes, los siento más distantes que si los leyese en un papel. En el cerebro, el lenguaje se conecta con la visión y en mi cabeza se crean imágenes cuando leo algo en papel, empatizo con lo que leo y no me pasa lo mismo cuando leo en pantalla. Tengo la sensación de que las nuevas formas de leer en plataformas digitales, entre las que están la lectura de los programas teatrales, hace que la comprensión de lo leído sea menor o quizá se tienda a darle menos importancia. Pero pueden preguntarnos ¿es esto tan malo?, ¿qué pasaría si viésemos las pantallas como un mecanismo de defensa contra la cantidad de información con la que nos bombardean a todas horas? Yo diría que este es un planteamiento válido, pero para otro tipo de literatura, no para un programa de mano, aunque si nuestro cerebro tiende a no procesar la información con tanta profundidad, puede que así lleguemos más vírgenes a la obra. Lo cierto es que esta manera de informarse se adapta a la tipología de sociedad urgente que vivimos y por tanto la lectura en pantalla nos ayudará a avanzar más rápido y predisponernos antes al comienzo del espectáculo.
¿Es útil el programa virtual en el teatro? Hombre, nos da más tiempo para seguir hablando con nuestro vecino de butaca. Pero, repito, ojear (como antónimo de hojear) es enemigo de la lectura profunda y eso a mí no me cuadra en una butaca de teatro, pero para gustos colores, ¿no?

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