Foro fugaz | Enrique Atonal

Shakespeare Punk

Una nueva propuesta escénica de Ricardo III se presenta en el el Teatro Odeón Europa de París, con la compañía La Piccola Familia actuada y dirigida por Thomas Jolly, el nuevo consentido del teatro francésque utiliza una estética Punk en su propuesta.

Uno de los retos al poner en escena a William Shakespeare es saber la qué época a la pertenece la obra y el momento en que queremos que se desarrolle la acción. Por supuesto que la respuesta obvia es que sus obras pertenecen a la era Isabelina, aunque muchas de ellas, en especial sus tragedias, admiten una época indefinida, acción situada en un pasado sin límites transformado en un presente teatral, escénico. Por eso es posible ver modernizaciones a ultranza de sus obras, pues su genial demostración del teorema del poder calza muy bien con nuestro tiempo.

La puesta en escena de Ricardo III en el Odeón Teatro de Europa tiene una estética punk-comic con su personaje principal presentado como un ángel caído, portador de la desgracia y el caos, ambivalente y terrible, enviado del infierno, ataviado como un cantante a punto de entrar a escena en un concierto de rock. Thomas Jolly es el realizador del espectáculo, además de interpretar al personaje central, un desafío más para este director, tras su fulgurante éxito de la zaga de Henry VI, epopeya presentada en 18 horas presentada en el Festival de Avignon en 2014 y que merecería un capítulo aparte en este foro.

Porque este fantasioso Ricardo III es la continuación de aquella aventura, la representación completa de las tres partes de Henry VI. Un desafío total. El paso siguiente era pues este reto, medirse con el deforme y seductor personaje de Ricardo III. Pero si la trilogía de Henry VI es una obra de juventud en donde Shakespeare buscaba sus recursos escénicos y su voz, Ricardo III es una de sus obras más acabadas por lo que requiere mayor talento y concentración, y Jolly aplica más o menos la misma fórmula de Henry VI y el resultado parece por debajo de las expectativas, con una aire de déjà vu… Ricardo III requiere de algo más que efectos escénicos.

Lo que en Henry VI era audacia y sorpresa, en Ricardo III aparece como recurso repetido para ocultar las carencias de la interpretación. Los efectos escénicos no faltan: Micrófonos, proyecciones, juegos de luces, vestuario inspirado en la iconografía del comic y de las series de tv, de las mangas, todo va y todo se acepta, con una actuación cercana al grito.

Pero por un efecto de moda o de renovación de la estética, la obra subyuga al público, en especial al público joven que acude en masa al teatro. Y la gente sale fascinada del espectáculo, reintegrada al mundo de Shakespeare, porque esa es la virtud de sus obras: se pueden adaptar a todos los tiempos y a todos los públicos y cada edad tendrá su propio Shakespeare. En la nuestra destaca la promiscuidad y la escatología; nuestro público necesita un plató, una acción en directo que recuerde las series de TV, un ‘malo’ de película, un exceso escénico.

Pero también el teatro necesita al público, en especial el público joven que muchas veces se niega a ir al teatro dominado por las atracciones visuales-digitales, así que bienvenida sea La Piccola Familia que con sus expresión excesiva de la escena logra que las salas estén llenas de espectadores, muchos de los cuales quizá van por primera vez al teatro.

El teatro es político o no es teatro… dijo Thomas Jolly en una entrevista para la revista Les Inrocks y en sus declaraciones explica que un personaje como Ricardo III aparece en épocas de caos y confusión como la nuestra. Y por eso decidió poner la obra antes de lo previsto.

Espero que en este 2016 pueda verse en España el Ricardo III de Thomas Jolly, obra indispensable en estos momentos de río revuelto en que todo puede ocurrir hasta la aparición del personaje más allá de la escena.

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