El Hurgón | Germán Jaramillo

Tecnología y felicidad

El estado de felicidad conlleva por lo general a un estado de satisfacción que excluye la necesidad de buscar explicaciones o de analizar el entorno, porque quien se siente feliz está atrapado por la sensación de la inexistencia de riegos y una cierta sugerencia de bienestar total.

La mayor preocupación de quienes conducen hoy en día a las hordas humanas es producir la felicidad a través del diseño, debido al poder que ha logrado ejercer la forma sobre el contenido, y es por eso que cada vez nos es más difícil explicar la razón de ser de cada momento de felicidad, o mejor, la concreción del origen de ésta, y por eso vivimos felices con internet y sus apariencias, difundidas con maestría y sin apuros, que es como se hace con aquello con lo cual se pretende generar dependencia, para convertirlo en un elemento con gran capacidad de profundizar nuestro deseo de ser importantes.

Dichas apariencias, cuya incidencia se expande cada vez más en nuestra vida diaria son, entre otras, la sensación de ser ciudadanos del mundo, de estar conectados con todo el mundo, de ser amigos de todo el mundo, de ser conocidos por todo el mundo, de saber lo que sabe todo el mundo, de viajar por todo el mundo sin movernos de casa, de aproximarnos a la posesión del don de la ubicuidad, y de estar siempre en trance de saberlo todo, porque internet produce la impresión del fácil acceso al conocimiento, sin los exclusivismos de otros tiempos, cuando adquirir éste era un asunto de elegidos, porque obligaba a pertenecer a la institucionalidad y a tener un poder adquisitivo notable, porque comprar libros costaba más de lo que cuesta hoy comprar un computador u ordenador, como llaman otros a este adminículo.

Y vivimos tan felices con esta apariencia, cuya relación con otros desarrollos tecnológicos precedentes, diseñados para el entretenimiento no nos vamos a detener a analizar, y cuya sustitución ha sido indispensable por razones de espacio, tiempo y velocidad, que han llevado a los creadores de diseño a hacer transitar a esta maravilla mundana llamada internet a través de equipos cada vez más pequeños, para evitar que pasemos un solo minuto del día sin su compañía, y es por eso que hoy en día, más allá de los contenidos que el usuario pueda hallar en la red, a quienes la impulsan les importa es facilitar el contacto constante entre éste y el adminículo que sirve para mantener vigentes las apariencias a las cuales hemos hecho referencia al comienzo de nuestro artículo, porque es la parte emocional y no la racional la habilitada para garantizar la permanencia de dicho vínculo.

Una de los objetivos de esta nueva tecnología a través de la cual transcurren bajo la impunidad del diseño los datos y estímulos dispersos por el ciberespacio es la creación de estrategias para manipular nuestra consciencia y llevarnos a asumir lo hecho, sin que tengamos deudas morales por no hacer nada para cambiarlo, y el diseño es la mayor de las estrategias, porque cuanto menor tamaño y peso tenga el dispositivo que nos permita establecer la conexión, más dependientes seremos de ésta cada día.

El acceso al conocimiento de éstas estrategias y el control que podamos ejercer sobre ellas para proteger nuestra autonomía es cada vez más esquivo debido a la dinámica del diseño, cuyo objetivo es mantener sorprendido al usuario a través de la forma para desviar toda intención de los contenidos, porque son éstos últimos los responsables de abrir las puertas de acceso a la comprensión, a la reflexión, a la toma de decisiones y por ende a la protección de la autonomía.

Seamos felices, sin olvidar que existe la infelicidad.

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