Críticas de espectáculos

Vassa en la Argentina actual

La obra de Maxim Gorky, cuyo nombre original es Alexei Maksimovich Peshkov, posee diversas lecturas según se visualice desde la perspectiva marxista o desde el realismo socialista o desde la realidad actual, en todas ellas tiene cabida la desolación del hombre frente a una realidad cada vez más aplastante. En su escritura contrapone a los individuos conscientes de su dignidad natural e inspirados por la energía y la voluntad, con las personas que sucumben a las condiciones degradantes de la vida a su alrededor.
El seudónimo que eligió para firmar su obra es Gorky, quiere decir “amargo”, y con él fue portador de tendencias románticas rebeldes. También lo identificó con su lucha por resolver los sentimientos contradictorios de la fe y el escepticismo, el amor a la vida y el disgusto por la vulgaridad y mezquindad del ser humano. Él pensaba que: “Las cualidades buenas de nuestra alma, son despertadas con más éxito y más contundentemente por el arte. Así como la ciencia es el intelecto del mundo, el arte es su alma”.
Al quedar huérfano a la 11 años y tener que salir a trabajar a los 12, porque su abuelo lo echó de la casa, le dio una visión del mundo muy disímil a la de los artistas de su época, porque a diferencia de ellos él vivió en las calles, rodeado de vagabundos, artistas y líderes populares. Al estar cerca de la necesidad y el hambre de los trabajadores, puede escribir “Los bajos fondos” y “Los pequeños burgueses” con una rigurosidad casi de cirujano para describir ese mundo sórdido y enrarecido de la pobreza.
En el Teatro Regio de Buenos Aires se estrenó una nueva versión de “Vassa Zeleznova”, una obra poco conocida. La primera versión del personaje Vassa está esbozado en “La Madre” escrita en 1906, y luego se desarrolló en “Vassa Zeleznova”, escrita en 1910 y reescrita en 1935, en todos los casos, lo único que mantiene es a su protagonista Vassa Zeleznova, una mujer férrea y orgullosa que crió un cúmulo de hijos y familiares inútiles a los que pretende controlar para proteger su diezmada fortuna. Su naturaleza no es en lo absoluto contemplativa sino que está orientada a la acción y ejecución inmediata de lo planificado.
Sufrir, soportar esfuerzos y tormentos a diario en beneficio de sus hijos forma parte de su personalidad avasallante y posesiva. Esa revalorización de su vida la llevan inexorablemente a la muerte.
Esta versión muy libre escrita por Felicitas Kamien, Walter Jacob y Agustín Mendilahrzu, en lo general extrapola Vassa a la Argentina actual, con una crisis financiera vertiginosa, un dólar que perdió su brújula, un estallido social en puerta que amenaza con llevarse puesto todo lo que encuentre a su paso.
En lo personal a Vassa y su familia los encierran dentro de un cuarto que sirve de living-comedor, y dentro del mismo una sala de hospital improvisada en cuya cama yace su marido moribundo. En la versión de Gorky ella lo envenena, en esta no se sabe bien cuál es la enfermedad que lo postró, tal vez el desastre de su entorno familiar y la ruina en que cayó por el juego, la bebida y los malos negocios realizados.
El entorno es un verdadero caos, pues Vassa es incapaz de asociar y atender los hechos de un espacio concreto y de un instante determinado, con los de la realidad exterior que la sofoca y la enloquece.
La dirección de Felicitas Kamien creó un mundo peculiar alrededor de los personajes de la obra, plagado de metáforas que van desde el amontonamiento de muebles y objetos, hasta el enfermo tirado en un rincón que respira y desfallece según las circunstancias que se den a su alrededor. Un paralelo lastimero de la Argentina actual, en la cual se siente que todo se derrumba, pero no se sabe cuándo.
La atmosfera de “Vassa” puede sofocar y ser depresiva, pero en realidad es bastante absurda o de terror o de humor negro. Es el trágico retrato de la decadencia de una mujer con voluntad de hierro decidida a acabar con la corrupción en su familia para poder mantener el control del negocio familiar, mientras todo se derrumba a su alrededor.
Humberto Tortonese interpreta a Vassa, un personaje sumamente difícil por la cantidad de matices emocionales por los que debe transitar. Proveniente del mundo “underground”, más concretamente del Parakultural de los años 80 y 90, en el cual los monologuistas tuvieron un lugar destacado, y luego las bandas de rock independientes. El Parakultural fue el principal centro de expresión de una exótica movida artística y un semillero de artistas que luego siguieron su propio destino. Éste espacio se había gestado durante el final de terrible dictadura que asoló a Argentina desde principios de los 70 hasta 1983, en que asumió el gobierno el presidente Raúl Alfonsín. El Parakultural se caracterizaba por ofrecer espectáculos, música y artes pláticas no convencionales. En aquellos años se destacaron Batato Barea, Humberto Tortonese, Urdapilleta, Susana Cook, el Clú del Claun, Los Melli y las Gambas al ajillo (grupo humorístico formado por cuatro mujeres (un grupo humorístico integrado por Alejandra Flechner, María José Gabin, Verónica Llinás y Laura Markert)
Humberto Tortonese, fiel a aquella tradición del Parakultural, como Vassa logra anclar la locura del personaje en una serie de acciones disparatadas que van desde el odio, el desconsuelo, el abatimiento, la ternura, la soledad y el control de situaciones que poco a poco van desestabilizando el hogar. El personaje borroso que persigue a Vassa – Tortonese es el miedo a la pérdida de lo poco que le queda. El miedo a la ruina total y para escapar de ella se encierra en un mundo asfixiante y decadente.
Felicitas Kamien desde la dirección trabajó sobre un orden plegado del que sólo emergía Tortonese como el eje centrífugo que atraía como la miel a las moscas no solo la atención de los otros personajes, sino la del espectador mismo, que se sentía hipnotizado por esa desquiciada mujer que caminaba de una punta a otra del escenario con sus tacones altos y cuyas torceduras de pies daban un giro diferente a su interpretación.
Tortonese posee el oficio extraordinario que adquirió con el tiempo y del que sabe sacar partido en cada una de sus interpretaciones, como en el caso de “Vassa”, pero a la vez que le permite lucirse porque lo acompaña un elenco excelente que supo adueñarse también el escenario con sus intervenciones tanto individuales como grupales.
La escenografía de Cecilia Zuvialde es un ejemplo a tener en cuenta sobre el manejo de los planos por los que debían transitar los actores, y el equilibrio tanto en el piso del escenario como el de las alturas que pudiera parecer insignificante, pero que representa la metáfora de la evasión. La iluminación de Agnese Lopuzone supo crear la atmósfera justa del vacío en que caían constantemente los personajes, ya que logra instaurar el reflejo de un mundo interior, que vive dentro del sentido profundo de la pasión. Carmen Baliero obtiene con el sonido dar alma y espíritu a los atormentados personajes y Magda Banach plasma el color apropiado a su vestuario un sepia casi barroso que genera imágenes borrosas en los personajes.
“Vassa” desde la mirada de Felicitas Kamien, Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu redimensionan la obra de Gorky como un redoblamiento de la vida, una especie de emulación a las sorpresas que excitan nuestra conciencias y le impiden adormecerse, para poder abordar el conflicto entre un individuo inquieto e irreconciliable y un entorno hostil e inerte.
Beatriz Iacoviello

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