Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Día de muertos

En nuestro mundo influencia judeo cristiana, el día primero de noviembre es el día de todos los santos o de los muertos. Este día que se ha instaurado como fecha para recordar a quienes ya han partido hacia lugares donde encontrarse con el mayor de los misterios; la muerte. Por supuesto, los diferentes grupos humanos han adaptado la forma de hacerlo, según sus propias creencias.

En México, la catrina, una mujer personificando a la muerte, adquiere absoluto protagonismo e incluso se hace pan de muertos. En el altiplano, la celebración dura al menos 3 días, el primero de los cuales, invitan al muerto a comer a sus casas, reservándole la cabecera de la mesa y disponiendo comida y bebida para él, como si estuviese presente. Al tercer día, los deudos van al cementerio a comer a su morada, como para asegurarse de que vuelva al más allá y no se quede más acá.

Por supuesto, los tentáculos del consumismo con su máxima del libre mercado, también ha hecho lo suyo, y desde el país del norte nos ha llegado Halloween.
Primero quiero dejar en claro que todo lo que signifique celebración en sana convivencia, no solo es deseable, sino que necesaria. La vida es muy corta y debe ser celebrada al máximo, aunque la excusa para hacerlo sea la muerte.

En mi país existían tradiciones traídas de el campo como el de aprender a tocar la guitarra bajo la higuera, exactamente a medianoche o disponer bajo la cama 3 papas, una sin pelar, otra a medio pelar y la tercera pelada, para a medianoche, sacar sin ver una de ellas. Si se sacaba la pelada se iba a ser pobre y por el contrario, si se sacaba la con cascara, se iba a prosperar económicamente. También existía la interpretación de manchas de tinta en un papel o de cera derretida sobre un plato con agua… Todo fácil de hacer y sin que implicase mayor costo, pero hoy, la fiesta se ha transformado en comprar, comprar y comprar.

Comprar disfraces para salir a pedir dulces, comprar decoraciones para indicar que se entregan dulces, comprar dulces para repartir, comprar calabazas para tallar. De seguro los mas felices son los dentistas porque con la enorme cantidad de azúcar ingerida por los niños, sus prestaciones deben tener un aumento significativo.

Incluso los niños pequeños se disfrazan de monstruos, perdiéndole el miedo al mas amplio espectro de deformaciones, heridas, sangre, hachas incrustadas en el cráneo, dientes de vampiro y cuanto espanto pueda salir de la imaginación del mercado.

Me encanta festejar y con más imaginación que dinero, de todas maneras, uno se puede disfrazar de cualquier cosa, el objetivo es hacer el ridículo sin hacerlo realmente porque muchos andan igual.

Lo que encuentro mas positivo, es que los niños de hoy le pierden el miedo a todas esas ideas que a nosotros los adultos de hoy, nos atormentaban en nuestra propia infancia; el viejo del saco, el fantasma bajo la cama, los vampiros chupa sangre, la viuda negra, el descabezado…

Mi actual deseo es que surja una fiesta para que nosotros los adultos, dejemos de tenerle miedo a los empresarios desalmados, a los políticos corruptos, a la delincuencia desatada, al narco tráfico, a la inseguridad económica, a las jubilaciones de hambre, al sistema de salud publica deficiente…

Ya tengo pensado mi disfraz.

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