Y no es coña | Carlos Gil

Ensimismamiento absorbente

Una discusión reciente que asalta muchas tertulias y encuentros entre profesionales es sobre la unificación de los premios de interpretación, ya que hasta hace muy poco e incluso en algunos se mantiene la costumbre de uno para las actrices y otro para los actores. Ahora es un premio de interpretación. Ante las quejas de algunas actrices, mantengo una postura nada complicada, si existe un premio, por ejemplo, de escenografía, sin distinción de género o sexo, tampoco está mal que sea así en la interpretación. Las actrices con las que he tratado el asunto me dicen que en un montaje hay normalmente una persona responsable de la escenografía, en cambio en la interpretación puede haber repartos con decenas en cada caso. 

Y de nuevo planea la sospecha de que, si solamente hay uno, se decantará para algún actor. Y eso se cumplió en la premios de la provincia de Córdoba (Argentina) que se entregaron el pasado miércoles día 20. Desde hace muchos años, se sabe, se comenta, se asiente con la evidencia de que al menos en los escenarios españoles, pero también europeos y yo añado, argentinos y en muchos otros países latinoamericanos, se ven a más actrices de un calidad excelente que a actores, al menos en cantidad, pero en esto todo son matices, porque en el repertorio más clásico, los personajes centrales y de gran recorrido para actores es más abundante que para las mujeres, asunto que algo se ha ido variando en las últimas décadas con la gran explosión de autoras que tratan de una manera más específica a los personajes femeninos. Todo es un poco subjetivo. Todo forma parte de un cambio lento hacia la normalización equilibrada en todos los estamentos que concurren en todos los puntos de decisión entre autoría, gestión, dirección, parte plástica y demás.

Lo cierto es que se convocan y se entregan premios en todos los escalafones de las Artes Escénicas. Por cierto, nunca en los de literatura dramática ha existido una duplicidad, es un premio que gana el mejor texto. O el que considera una mayoría del jurado es el mejor. Los premios de toda índole, en todos los lugares, algunos que van alcanzando un reconocimiento más allá de su propia proyección sectorial, caso de los de Escenaamateur, otros que se desplazan territorialmente, este año los Max se van a Mahón, ciudad que tiene un teatro de una entidad suprema, donde se celebraban en el siglo pasado temporadas de ópera. Los premios de festivales que se valoran los espectáculos vistos tienen una enjundia mayor que aquellos que se juzgan vía vídeo. Los que tienen jurado nominativo y reconocible tienen la facultad de que se puede dirigir las sospechas a esos individuos, aquellos premios que se votan de manera popular son los menos, y los más sorprendentes.

Así que cada gremio implicado en todos estos asuntos generales o particulares vive en su ensimismamiento que les puede absorber todos los recursos energéticos para aportar argumentación que añadan posibilidades a lo general. Es como si no existiera una manera de encontrar pensamiento que partiendo de una parte afecte de manera positiva a l resto de elementos que concurren en una obra. Quizás vivimos todavía de excepciones, como Anne Bogart y Tania Landau que escribieron “El Libro de los Viewpoints”, donde la práctica y la experiencia proporcionan una guía que sirve de igual manera a casi todos los que participan en el proceso de creación de una obra y que por fin está traducido al español desde el original en inglés y editado por nuestra editorial, lo que nos lleno de orgullo, porque diversas situaciones han hecho que este hito haya tenido muchos parones. Borja Ruiz, que escribe un prólogo magnífico y que es como una segunda guía para uso de libro general, es un cómplice imprescindible para que se produjera esta edición desde el inicio.

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