Y no es coña | Carlos Gil

Sin presunción de éxito

Cada cierto tiempo es bueno repescar nociones, conceptos, géneros, acercamientos y posturas que tienen que ver tanto con el impulso que mueve a poner en marcha un proyecto artístico que debe cumplir con todos los preceptos de producción dentro de unos esquemas más o menos tasados. Especialmente cuando entran los recursos públicos de manera directa en la ecuación. Quizás estoy camuflando involuntariamente esa vieja discusión que establece unas jerarquías que van desde el teatro aficionado, el teatro que se considera independiente, con muchos matices, el teatro comercial puro y duro, el teatro institucional y algunos espacios muy forzados que se pueden considerar como tercera vía, es decir, un teatro comercial de una cuidada producción y unos valores artísticos incuestionables.

No hace falta ahondar mucho en la idea de que los métodos de producción inciden de manera bastante sustantiva en los resultados finales de todos los procesos creativos. Es algo que no admite excesivos debates. Se empieza a retorcer un poco cuando se demuestra de manera objetiva y continuada que no solamente se está hablando de una cuestión presupuestaria puntual, que se puede lograr una magnífica obra de arte teatral sin necesidad de utilizar escenografías exuberantes, ni repartos desmesurados, ni los diez mil nuevos aparatos de efectos luminotécnicos y de otra índole que el mercado del espectáculo han instaurado para crear unos estándares que buscan la magia de lo circunstancial porque casi no hay nada fundamental en sus propuestas.

Les narro una situación de hace unos días. Despacho de la subdirección del Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires, el único teatro nacional argentino. Jorge Dubatti y éste que se lo cuenta. Más de dos horas hablando de muchas cosas. Yo introduzco la variable de tener una compañía estable. Asunto que también con asiduidad para hablar de las unidades de producción del INAEM o de otros teatros institucionalizados que tampoco tiene intérpretes, actores y actrices, con contrato fijo, pero sí legiones de técnicos en todos los grados y necesidades. Y en esa tarde calurosa bonaerense repasamos los pros, los contras, las posiciones fijas, casi numantinas al respecto. No hay argumentaciones definitivas. Se habla más de costumbres de idiosincrasias económicas, sindicales. Recuerda Dubatti de cuando el San Martín sí tuvo compañías estables y se quitaron por motivaciones prolijas ahora de señalar. Y una sensación me queda: no es lo mismo predicar que dar mies. El teórico, el investigador, está en la gestión. 

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Eran cinco hermanos y ella no era muy santa – Comedia Cordobesa

Al día siguiente viajo a Córdoba, donde estoy para emprender una nueva aventura creativa, independiente cien por cien, pero asisto al inicio por primera vez en la historia de un temporada estival en el Teatro Real, sede la Comedia Cordobesa, una entidad que cuenta con elenco estable desde hace muchos años y tiene producciones de diversos formatos y géneros.

Presentan una obra estrenada hace siete años que sigue en cartelera y que se puede considerar como un auténtico éxito por la cantidad de actuaciones realizadas, las giras, su repercusión social, el recibimiento de los públicos. Se trata de ‘Eran cinco hermanos y ella no era muy santa‘ de Miguel Iriarte, en una adaptación libre de David Piccotto que anuncian como Opereta Cuartetera, porque incorpora la estética, los ritmos, las música del Cuarteto, un fenómeno musical popular cordobés por excelencia que se funde de manera eficaz y espléndida con lo propuesto por el dramaturgo en la obra original que retrata a personajes y situaciones de la vida en un barrio humilde. Lo que yo presencié la noche del pasado sábado fue una auténtica fiesta, una comunión inmediata entre escenario y públicos, una muestra de lo que algunos proponemos como teatro popular, que es aquel que utiliza los lenguajes más populares para contar historias que muestren la realidad social y hasta puedan dar pistas remotas de una posibilidad de emancipación, aunque en este caso sea de una manera auténticamente fantásticamente esperpéntica. Esto es un éxito que se ha gestionado desde lo público sin rebajar presupuestos estéticos ni de producción, sino justamente lo contrario. 

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