Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

La autopoiesis y los sistemas

La autopoiesis (de auto: a sí mismo, y poiesis: creación, fabricación) es un neologismo con el que se designa un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo; literalmente, autopoiesis significa auto–organización. Dos biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela lo introdujeron en la década de los setenta del siglo pasado con un artículo en la revista Biosystems, “Autopoiesis: the organization of living systems, its characterization and a model”. Su postulado original habla de un proceso mediante el cual una célula se genera a sí misma a través de la interacción con su medio. Extrapolando este concepto a una organización social como la compuesta por un grupo de actores y otro de espectadores, puede hablarse del espacio–tiempo que comparten como un sistema autopoiético, operacionalmente cerrado y estructuralmente determinado.

Una representación teatral es autopoiética si presenta una red de procesos que puedan crear o destruir elementos del evento como respuesta a las perturbaciones del medio. Así, la acción de un intérprete genera una reacción en otro o en un espectador que lo modifica manteniendo la comunicación iniciada o modificándola. A su vez, un actor, también es un sistema autopoiético ya que su aporte a la comunicación se constituye con una autogeneración que crea o destruye elementos propios (variaciones programadas en su rol de actor) y con participación en el ecosistema que habita por medio de modificaciones introducidas en la representación consecuencia de vínculos escénicos y perturbaciones en el medio generados por el espectador. Aunque el sistema cambie estructuralmente, la comunicación permanece invariante durante toda su existencia manteniendo su identidad mientras haya representación. Fundamental es la visión de dirección de escena que permitirá (generación conjunta de significados) o vetará (significados fijados al trabajo escénico) esta comunicación con el patio de butacas. Por último, las mismas ideas aplican al espectador, el agente receptor autopoiético participa activamente en la comunicación teatral y podrá crear o destruir elementos de la misma como consecuencia de su participación activa 

Entendiendo cómo se puede aplicar el concepto de autopoiesis al hecho teatral y sus participantes, se puede llegar a definir tres sistemas:

1. Sistema productor. Constituido por los agentes productores (actores, director y equipo técnico). Su co–presencia habilita la formación del sistema autopoiético representación teatral gracias al trabajo resultado de los procesos creativos que puestos a disposición de la producción favorecen la aparición de un bucle retroalimentado de creación entre ellos. Se trata de la aparición misma de la poiesis o proceso creativo.

2. Sistema representacional. Constituido por actores y espectadores. Su co–presencia genera la aparición de determinadas atmósferas que suspendidas y puestas a disposición del sistema favorecen la aparición de un bucle retroalimentado de creación y circulación de energías, tensiones y emociones entre los componentes del sistema (actores y espectadores), en definitiva, la aparición del sistema autopoiético representación teatral. En este segundo sistema no se incorporaría la dirección escénica a menos que ésta se añada al grupo de espectadores, ya que, como se ha visto, los sistemas autopoiéticos son presenciales, operacionalmente cerrados y estructuralmente determinados. Igualmente se puede considerar que en este sentido, el equipo artístico activo durante la representación (luces, sonido,…) sí que forma parte del bucle autopoiético, pues su trabajo tiene la misma presencia que el actor.

3. Sistema intérprete. El compuesto exclusivamente por los espectadores. Las reacciones entre ellos pueden generar bucles de energías, tensiones y emociones que se retroalimentan modificándose, creciendo o desapareciendo, y dando lugar a respuestas que podrían afectar al sistema representacional. 

Hablar de autopoiesis, es hablar de teatro con lenguaje prestado de la biología. Energías, tensiones y emociones son fenómenos de percepción puntual que surgen en la comunicación teatral que se estabilizan, se transforman y finalmente desaparecen. Vaya, como en la vida.

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